VALDIVIA, CAPITAL CULTURAL DE AMERICA 2016/THE INTERNATIONAL BUREAU OF CULTURAL CAPITALS -MARTES 10 JUNIO 2014 historiadevaldivia.chile@gmail.com HISTORIA DE VALDIVIA - CHILE: VALDIVIA 1852

VALDIVIA 1852

APUNTES DEL DR. RODULFO AMANDUS PHILIPPI
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LLEGADA A CHILE
Vine a Chile con la intención de trabajar un fundo en la Provincia de Valdivia que mi hermano Bernardo había comprado en Santiago a un señor don Juan Carvallo, antiguo Coronel español, que vivía entonces en esa capital. Mi hermano, a quien se debe la inmigración de los alemanes en Chile, como diré tavez en otro lugar, había sido enviado por el Excmo. señor Presidente, General don Manuel Bulnes, para traer colonos alemanes a Chile, y había tenido oportunidad de hacer esta compra poco tiempo antes de su partida para Alemania.
Me había ponderado mucho, no sólo Chile en general, sino también la Provincia de Valdivia en particular, y como yo no había encontrado un destino después de haber presentado mi renuncia como Director de la Escuela Politécnica de Kassel, por motivos políticos, acpté la propuesta de mi hermano de ir a Valdivia para trabajar su fundo, pero dejé mi familia en Alemania hasta ver si mlas circunstancias en Chile correspondían a mis esperanzas.
Me embarque en Hamburgo el 20 de Julio en un bonito bergantín en compañía de don Carlos Ochsenius, joven Ingeniero de Minas que quiso acompañarme en mis trabajos, y de 6 compañeros más.
Tuvimos un viaje de 135 días hasta Valparaíso y experimentamos durante casi seis semanas temporales furiosos cerca del Cabo de Hornos. Nuestros camarotes estaban encima de la cubierta y en uno de estos temporales una ola se rompió sobre el techo de los camarotes, de modo que el Capitán del buque nos mandó bajo cubierta, lo que felizmente no sucedió. Así comprobé plenamente la opinión de todos los navegantes de que el pasaje del Cabo de Hornos era siempre muy difícil y peligroso, y no comprendo cono don Benjamín Vicuña Mackenna ha podido decir en un folleto publicado en idioma francés para invitar a los europeos a establecerse en Chile, "le vent toujours favorable vous 'conduit d' un ocean a Faute'. El 14 de Diciembre fondeamos, al fin, en el puerto de Valparaíso.
Me encontré por mucho tiempo con una serie de contrariedades, pero no desmayé; mi hermano no me había dicho que había una navegación regular a vapor entre Valparaíso y Valdivia, y efectivamente el vapor llamado Araucano, perteneciente a don Custodio Gallo, hacía el viaje entre dos puertos. Mas Chile estaba envuelto en una guerra civil; la Provincia de Concepción se había levantado en contra del Presidente Electo don Manuel Montt, proclamando como presidente al General Cruz que, con un Ejército no despreciable, marchaba al Norte, y el vapor Araucano había sido apresado por los revolucionarios. Era, pues, necesario esperar la salida de un buque de vela de Valparaíso para Valdivia y, en esos tiempos revueltos, era incierta la salida.
Paé a Santiago para esperar esta salida, y fui acogido del mado más amistoso por don Ignacio Domeyko, quien me presentó a varias personas conspícuas de la capital, de las que mencionaré sólo al señor Presidente Montt y a don Antonio Pinto.

LLEGADA A VALDIVIA
El 1º de Enero de 1852 pude embarcarme en Valparaíso en el bergantín Republicano, junto con don Carlos Ochsenius; este buque pertenecía a un negociante de Valdivia, un señor Castro, que hacía también de capitán; no éramos los dos únicos pasajeros; iba también abordo el señor don Augusto Barth, socio del negociante don Constanatino Mohr, en Valdivia, talvez el primer negociante de la plaza y dos señoras valdivianas. Como en este mes sopla constantemente un viento Sur, cuya fuerza alcanza frecuentemnete a la de un verdadero temporal, a pesar de quedar el cielo perfectamente despejado, el buque debía tomar primero un rumbo al Sur-Oeste en cuyo curso pasamos bastante cerca de la Isla de Juan Fernández hasta muy adentro del Océano Pacífico, antes de tomar la dirección al Sur-Este que debía conducirnos al puerto de Valdivia.
Despúes de una navegación de 21 días nos encontrábamos, en la madrugado, en frente del Fuerte San Carlos, situado a poca distancia del Puerto de Corral, cuando un cañonazo del fuerte nos intimó que debíamos largar el ancla. El señor Castro creyó que una casualidad era la causa del tiro y el buque continuó su marcha, cuando oímos un segundo cañonazo y silbar una bala por la jarcia, lo que por poco no costó la vida de uno de nosotros que habíamos subido a la cubierta al oir el primer cañonazo. Entonces, por supuesto, el ancla cayó tan ligero como era posible y un buque con gente armada se dirigió al Republicano.
Casa de campo Ventura de la Fuente
Cuando el señor Castro conoció que el comandante del bote era un íntimo amigo de él, le gritó: ¿Por qué diablos tiras contra mi buque?. Entonces el otro le informó que Corral y los dos fuertes situados a su entrad habían sido armados con la orden de vigilar todo buque sospechoso. Se temía que un capitán de artillería, Cambiazo, que había amotinado la guarnición del fuerte de Punta Arenas, en el Estrecho de Magallanes, fusilando al comandante Muñoz Gamero y a otras personas más y apresado un buque que pasaba por el estrecho para dirigirse al Norte y coadyuvar a la revolución de Concepción, fuera a desembarcar en Corral. Al entrar en la Provincia de Valdivia fuí, pues, recibido por un cañonazo que por poco me costó la vida.
No hay nada más encantador que la Bahía de Corral. El Republicano dejó caer el ancla a pesar de que quiso remontar el Río de Valdivia hasta la ciudad. El mar está cerrado por todas partes, por colinas verdes; parece como un largo cuyas aguas no tienen salida ninguna, y si alguien hubiese entrado durmiendo y despertado después de fondeado el buque, se preguntaría: ¿Cómo hemos podido entrar?. La vegetación de las riberas desciende hasta las aguas mismas y es tan exhuberante que hasta la roca desnuda está cubierta de plantas, como lo escribió un colono alemán a un pariente en Europa. Al Norte se divisa la entrada del ancho río de Valdivia y en la misma dirección se puede divisar, cuando el aire es muy claro, el cono nevado del Volcán Villarrica. El aspecto del pueblo de Corral, al contarrio, me hixo una ompresión bastante triste; se componía de pocas casas formando una sola calle; no existía un hotel ni cosa parecida a tal, ni había panadero; cada vecino hacía el pan necesario en su casa y era a veces difícil obtener pan y sólo preguntando de casa en casa si sobraba pan para vender se conseguía. No había comunicación regular con Valdivia; pero algunos vecinos tenían botes para la pesca y para el viaje a la ciudad.
Don Augusto Barth, que era vaqueano, tuvo la suerte de conseguir luego un bote y bogadores y nos fuimos los dos, él y yo, la misma mañana a la capital de la provincia. La navegación en el río no es menos encantadora que la entrada al puerto. El río es muy ancho, las aguas limpias como cristal; colinas de un declive bastante fuertes forman la mayor parte de su curso; las orillas están cubiertas de gruesos árboles y de arbustos tan enmarañados y tan próximos al agua que es imposible en muchos puntos saltar a tierra; sólo en pocos puntos se veían pequeños llanos con un ranchito de indio o con unas pocas vacas. A alguna distancia antes de llegar al pueblo, se alejan las colinas de la orilla oriental y dan ancho espacio para el asiento de éste, que e halla en el ángulo que forma el Río Calle Calle, que viene del oriente, con el Cruces, que corre en dirección de Norte a Sur. En este ángulo se eleva una especie de meseta horizontal casi cuadrada, unos 6 u 8 metoros sobre el río, cuyos cuatro lados tienen bastante declive, aún hacia el lado oriental y hacie ael Sur, de modo que queda bien defendida contra los ataque de los indios. Además, un gobernador de Valdivia en tiempo de coloniaje había construído en cada uno de estos lados una sólida torre redonda que defendía el camino que conducía a la meseta en que está edificada la ciudad.
Planode Valdivia 1842 de Bdo. Philippi
Opuesto al lado occidental está en el río una isla bastante grande, la Isla de la Teja. Llegamos un poco antes de la hora de almorzar y mi compañero me llevó a la casa de su socio don Constantino Mohr. No necesito decir que fui recibido con la mayor amabilidad y hospedado dos días. Mi primer afán era, naturalmente, buscar una habitación e informarme del modo de llegar a la haciendo de San Juan; pero cual fue mi desengaño cuando supe por don Ernesto Frick, el apoderado de mi hermano encargado de recibir dicho fundo, que mi hermano no lo poseía todavía. Me dijo que el asunto estaba muy embrollado, que sus ocupaciones no le habían permitido ocuparse de estos asuntos, que había renunciado su poder y que había ahora un pleito. El dueño del fundo había venido a establecerse a Valdivia; le había exigido el cumplimiento del contrato de compra-venta, pero que él había renunciado su poder entregándolo al juzgado, porque sus ocupaciones no le dejaban tiempo para ocuparse de un asunto tan embrollado como era la ejecución de las cláusulas del contrato. Se había estipulado que el que no cumpliera con el contrato debía pagar una multa de mil pesos y don Juan Carvallo se había presentado al juzgado pidiendo que mi hermano fuese condenado a pagar esta multa. Ahora siendo notorio que mi hermano había sido enviado por el Gobierno a Europa y habiendo su apoderado renunciado su poder, el juez había dado la sentencia de que el demandante debía esperar la vuelta del demandado.
Yo no tenía ningún poder de mi hermano, así que no pude hacer otra cosa que comunicarle el estado de las cosas y esperar su contestación.
La llegada de ésta podía demorar muchos meses, porque no había en aquel tiempo comunicación regular con Europa y ¿qué hacía yo mientras tanto?. Resolví emprender una ascención del llamado volcán de Osorno y establecer mi cuartel general en Valdivia. Fuí más feliz en mi busca de una habitación; la encontré en la casa de don Ventura de la Fuente, extesorero de la provincia e íntimo amigo de mi hermano, y además encontré en la misma casa mi comida, cosa que anhelaba mucho.
Había estudiado en mi larga navegación de Hamburgo a Valparaíso el idioma español, y podía ya hacerme entender en él, pero un idioma se aprende mejor que por el estudio de la gramática cuando uno vive en una familia y está obligado a hablar continuamente este idioma y a oirlo continuamente hablar. Había, además, otra gran ventaja. Don Ventura era casado y tenía dos hijas, la mayor de las cuales, Agustina, era casada con Guillermo Döll, antiguo alumno de la Escuela Politécnica de Kassel, que era en aquel tiempo secretario de la Intendencia, y que había estdo antes algún tiempo en íntimas relaciones con mi hermano.
Los preparativos para mi excursión al volcán exigían, por supuesto, largos días. Fuí ayudado eficazmente por el señor Intendente, quien permitió que don Guillermo Döll me acompañara, y tuve tiempo para conocer las personas principales de la ciudad, tanto chilenos como alemanes. Sabía por mi hermano que la ciudad era insignificante, muy atrasada así como toda la provincia, pero lo que ví me hizo una impresión más triste todavía. Había varias manzanas en que no existía más que una casa, así que las calles estaban con frevuencia marcadas sólo por cercos de tablas. Casi todas las casas estaban construídas del mismo modo que las de los araucanos. Troncos de roble partidos, a los que el hacha había dado una forma cuadrada, formaban las murallas; no tenían cimiento, estaban enterradas en la tierra en zanjones de un metro de profundidad. El piso de las piezas era formado de tablones labrados con el hacha; el cielo raso era de tocuyo; las ventanas estaban cerradas por una reja cruzada de madera, contra la cual se clavaba tocuyo cuando el viento empujaba la lluvia para adentro; en el hueco de las ventanas había un estrado, en el cual las señoras de la casa se sentaban con los pies cruzados como en el Oriente; las paredes de las piezas estaban, en las casas mejores, entabladas; los muebles muy primitivos; sofaes, sillones, sillas de junco eran objetos raros, de lujo; no había carpinteros a no ser acaso algún desertor de buque, así es que el cepillo y otros instrumentos de carpintería eran casi desconocidos. Uno de los vecinos más respetables, don Juan Jiménez, me contó un día que el había sido el primero que llevó a Valdivia una sierra para aserrar tablas. Pero había habido ya algún cambio en la fisonomía de la ciudad en los tres años desde la llegada de los primeros colonos alemanes. Entonces no había más de dos casas con vidrios en las ventanas y ya varias casas de los valdivianos habían adoptado este lujo. Había carpinteros, había un hojalatero, un sastre alemanes, etc., y algunos vecinos habían ya adoptado el uso de la levita; antes todos usaban la chaqueta y el gran manto antiguo español. Había muchos despachos en las esquinas, y se decía que la casa que no tenía tienda no tenía recursos; pero las tiendas de los vecinos españoles tenían muy pocos objetos, y aún éstos faltaban a veces. Sus dueños solían hacer cada año, a veces sólo cada dos años, una viaja a Valparaíso para "traer negocios", y no era muy raro que aún artículos de primera necesidad,  v. gre., yerba-mate o azúcar faltaban uno o más meses en una tienda. Era frecuente que uno que quería comprar alguna cosa la consiguiera sólo a condición de comprar otro artículo que no necesitaba, pero que abundaba demasiado en la tienda del vendedor, por ejemplo, a uno que fue a comprar yerba-mate el vendedor no quiso dársela sino compraba también uno o dos panes de jabón. (Cuando fuí a residir en Santiago, en 1853, había también la misma costumbre en muchos despachos de la capital). Esta costumbre principiaba a perderse desde que negociantes alemanes que disponían de algún capital, como los señores Constantino Mohr y Juan Fehland. Tenían almacenes mui surtidos de todos los artículos que un hombre civilizado juzga necesario para una vida cómoda, y donde los dueños de despachos podían surtirse a cada momento, y no tenían ya la necesidad de hacer el viaje largo y costoso a Valparaíso.
Es sabido que en el tiempo del coloniaje Valdivia era un presidio y no dependía del reino de Chile, sino directamente de Lima. Se consideraba entonces como la llave del Pacífico desde que los holandeses en la guerra de su independencia se habían establecido por algún tiempo en Valdivia.. El gobierno español había gastado entonces ingentes sumas para las fortificaciones de la entrada del golfo de Corral; se dice que esa suma se elevaba a $2.000,000. Las troneras de la batería de Corral y las de la ribera opuesta de la entrada de la bahía, en Niebla, están cortadas en la roca viva y ésta, cortada perpendicularmente; estos trabajos y otros menos paraentes han debido costar mucha plata, pero la suma de $2.000,000 me parece muy exajerada.
Casa antigua de San Juan
He dicho arriba que Valdivia era presidio en tiempo del coloniaje y como tal dependía, no de Chile, sino directamente de Lima; los soldados y oficiales recibían de Lima el Situado; es decir, el vestuario y el abastecimiento de víveres, no sólo para sí, sino también para los miembros de sus familias; hasta la harina les venía de Lima; así se comprende que los valdivianos en el tiempo en que yo llegué no se consideraban como chilenos, y cuando uno tenía que ir a Valparaíso decía frecuentemente: "Tengo que ir a Chile". Se comprende también que los moradores de la ciudad no tuvieran industria alguna, y esto tantos más cuanto el interior de la provincia tenía una población chilena muy escasa. (Aún después de la Toma de Valdivia, en 1820, por los chilenos se ha enviado por varios años el Situado por la guarnición chilena de Valparaíso. Me admiro que en el Diccionario Geográfico de Astaburuaga se haya omitido decir que Valdivia era un presidio).
Para dar un ejemplo, diré que no existía en toda la provincia sino molinos muy pequeños y primitivos, que no producían sino harina mezclada con afrecho, y era preciso pasarla por un cedazo para obtener harina-flor; así es que en 1852 se traía harina-flor de Valparaíso.

EXPEDICION AL INTERIOR DE VALDIVIA
Vuelvo a mi expedición al interior. No existía camino alguna trazado por ingeniero; no se conocía lo que era una carreta y todo transporte de mercaderías debía hacerce por mulas. Las primeras 7 leguas podían hacerse por agua en bote, hasta un lugar denominao Futa, que estaba marcada en el mapa de la provincia, publicado por mi hermano, con un pequeño círculo. Don Guillermo Döll me dijo, cuando todos los preparativos estaban hechos: "parte mañana una lancha para Futa, en la cual van varios vecinos del interior, y que puede llevar su equipaje, etc. hasta ese lugar; yo no puedo acompañarle, pero al día siguiente iré a caballo con Ochsenius a la Misión de Daglipulli (lugar igualmente marcado en el mapa de mi hermano); en Futa UD. encontrará  la oportunidad de alquilar un caballo para UD. y las mulas para el transporte de la carga". Le pegunté si tenía que llevar víveres. Me dijo que no era necesario; que a lo más debía llevar pan. La casa de don Ventura de la Fuente estaba un poco al Sur del pueblo de Valdivia, en una especie de arrabal llamado "los Canelos" y mi habitación estaba en la orilla misma del río por donde debía pasar la lancha. Ësta apareció como a medio día y embarqué mi persona y mis efectos. Iban muchos pasajeros, vecinos del interior (de Los Llanos) con sus señoras, hijos y criadas, y era difícil encontrar un lugar para sentarse sobre algún bulto de mercaderías. La navegación fue muy lenta, porque en la mitad del camino, en un ancho brazo del río Valdivia, llamado "Poco comer" o "Tornagaleones", que es navegable para buques bastante grandes, la marea, que sube hasta Valdivia, nos fue diversa, y en la segunda mitad del camino tuvimos que remontar el río de Futa, que desemboca en el río "Poco comer".
Serían como las tres de  la tarde cuando mis compañeros de viaje sacaron fiambres y otras cosas buenas para comer y chicha de manzana y principiaron a tomar una onces bastantes regulares. Me avergoncé de no tener nada más que pan; pero ellos me convidaron, con la amabilidad de los chilenos, a tomar parte.
Mientras navegamos en el río "Poco comer", teníamos a nuestra izquierda, un ancho terreno bajo y el igual que lo bañaba mostraba una densa vegetación de totora y de juncos, que alcanzaban de 1½ a 2 metros de altura; mientras a la derecha teníemos la Isla de Guacamayo, de poca altura, y más tarde otra isla mucho mayor y más alta, que extiende hasta la desembocadura del río "Poco comer"; ambas cubiertas de árboles y de arbustos enmarañados hasta el agua. Grande fue mi sorpresa cuando conocí que la totora era exactamente la misma planta que es común en Europa en sitios análogos (Typha angustifolia). En Europa es casi de ningún uso, pero es importantísima para Chile, porque se hacen de esta planta las esteras que, en una gran parte de Chile, sirven para cubrir el piso cuando está hecho de ladrillos, para embalaje y varios otros usos. Al entrar en el río de Valdivia la escena cambia: colinas bastante repechadas tocan inmediatamente al agua, de modo que no queda sendero en las riberas del río, y sus faldas están cubiertas de la vegetación más lujuriante y encantadora que se puede imaginar.
Iglesia Matriz de G.Frick 1848. Fotografía 1858
Como íbamos contra la corriente el viaje era más lento todavía que en el río de Valdivia; el sol se puso y no veíamos todavía traza del Futas; serían las once de la noche cuando la lancha paró atracando a la orilla Norte. Yo no divisé la luz de las casas; pregunté donde estaba Futa y me contestaron, "Aquí debemos desembarcarnos porque el chiflón no permite que la lancha pase más adelante". Este chiflón es un bajo fondo producido por un cascajo que un raichuelo tributario del río Futa acarrea, formando así una barra que permite sólo el pasaje de pequeños botes. Subimos entonces a una pequeña pampa horizontal elevado dos muertos sobre el río, y que tendría apenas media cuadra de largo y de 30 a 40 pasos de ancho. Aquí pasamos la noche; los pellones y sudaderos de los caballos eran nuestro colchón; la enjalma, nuestra almohada; el poncho, nuestro cobertor. El señor Döll había juzgado superfluo prevenirme que tenía pasar la noche de este modo; pero dormí muy bien, como en el mejor hotel.
Madrugué, como es mi costumbre, con el día. Media hora después se levantó una criada, después otra y otra, las que fueron al monte a buscar ramas secas, encendieron fuego, sacaron ollas del equipaje que había sido llevado a la misma pampita y prepararon una cazuela para sus patrones, los que se levantaron entonces y me convidaron a participar de ella, sin lo cual yo habría debido desayunarme con una pan mojado en el agua del río. Mientras tanto llegaron mozos con caballos y, por fortuna mía, un arriero de Osorno con un caballo de remuda y varias mulas que llevaban carga que debía ir a Valdivia con el regreso de la lancha. Así pude alquilar un caballo para mí y las mulas necesarias para el transporte de mi equipaje.
Nació entnces otra pequeña dificultad. Yo no había puesto jamás en mi vida freno y silla a un caballo; mis compañeros de viaje tuvieron la amabilidad de hacerlo por mí. Era el último de la compañía y los compañeros se habían adelantado bastante cuando subí a caballo, el cual empezó a correr para alcanzar a los otros; sin embargo, me aferré bien en él y pasé sin accidente el estrecho sendero entre los matorrales, recibiendo sólo de vez en cuando el golpe de alguna rama delgada cuando no había bajado bastante la cabeza. Al cabo de 5 minutos apareció otra pampa a orillas del río mucho más grande y ancha, con algunos ranchos al pié de las colinas, habitaciones de los bogadores e inquilinos del señor Jaramillo, quien tenía una casa bastante decente al extremo de la pampa y situada como a 8 o 10 metros sobre el río. Este caballero tenía el monopolio del transporte de mercaderías en el río entre Futa y Valdivia, y había sido uno de los compañeros de viaje. Encontré a todos delante de la casa y al señor Jaramillo que les brindaba chicha de manzanas. Todas las mercaderías que van de Valdivia para el interior de la provincia y los productos de ellas que van para Valdivia debían pasasr por Futas, y llegan o parten de este punto a lomo de mulas. No ha habido otro camino hasta hoy día, en que se ha inaugurado el ferrocarril entre Valdivia y Osorno. Como mis compañeros se adelantaban, mejor montados y más jinetes que yo, viajé el resto del día sólo con mi buen arriero González y sin encontrar alma viviente en todo el camino. Estre es en su mayor parte bastante ancho y pasa por un bosque no interrumpido sino por unas pocas y pequeñas pampas. No me cansé de admirar los árboles gigantescos cuyo diámetro del tronco era frecuentemente de metro y medio y aún más, sobre todo el de los Coigües (Fagus Dombeyi) de los Ulmos o Muermos, como es su nombre indígena, (Eucryphya cordifolia) y de los laureles (Laurelia aromathica), que algunos viajeros pco conocedores de la botánica han confundido con el laurel de Europa. (sic)
En muchos de estos árboles subían hasta la altura de 6 metros y más enredaderas, que en el,país se llaman boqui y que los franceses llaman lians, como en las exhuberantes selvas del Brasil y que un europeo se admira de encontrar en la latitud de Valdivia; el tallo de estas plantas alcanzaba con frecuencia al espesor de un brazo y se había desprendido a veces del tronco en cuyas cortezas habían subido y estaba colgando libremente en el aire, recordando así los cabos gruesos que sostienen las mástiles de los buques. No menos nuevas para mí eran las plantas parásitas que vegetaban en las ramas de estos filantes. Me llamaron sobre todo la atención los quintrales (lo que significa fuego en idioma araucano) y una pequeña flor de color rojo muy hermoso que suele cubrir las grandes ramas horizontales de los robles y en tanta abundancia que forman, cuando caen, un tapiz colorado en el suelo. La vegetación de las selvas del Brasil no puede ser más variada que la de estos bosques de Valdivia, pero a éstos faltan enteramente las hermosas Orquídeas que son el gran adorno de nuestros conservatorios.
Había que subir una larga cuesta repechada, en la cual la mano del hombre había abierto un camino que los colonos alemanes han bautizado con el nombre de "Wurzelberg", cuesta de las raíces, porque estaba casi cubierto con los troncos de gruesos árboles que habían cortado para hacer el camino, y por llegar a la cima de la meseta ondeada que baja después poco a poco a los llanos. En la última parte del camino aparecieron en un terreno más abierto a lo largo de él, de trecho en trecho, casas o chozas con un terrenito cultivado alrededor, y, al fin, cuando el sol estaba ya próximo a ponerse, se mostró la iglesia de la misión de Daglipulli, edificio muy humilde, toda de madera, y a inmediaciones de ella la casa modesta del misionero, con un banco a lo largo de la casa. "Hemos llegado", me dijo González, echó los bultos de las mulas, recibió su pago y se fué; aparecieron entonces dos mujeres indias, las criadas del misionero, vestidas sólo del chamal, esto es, una pieza cuadrada de género negro que las indias tejen y tiñen ellas mismas, que afirma en las caderas y cae casi hasta el suelo, y de otra pieza cuadrada del mismo género que cubre las espaldas, de modo de dejar libre el brazo derecho, y cuyas puntas están unidas en la región del pecho por un gran broche de plata que tiene un disco circular y un diámetro a veces de 10 centímetros y más. Pregunté por el señor misionero; "no está", fue la respuesta, "ha ido a visitar al misionero de San Juan de Costa. "Les supliqué que me abrieran la casa porque debía alojarme en ella con un amigo del misionero, don Guillermo Döll, que estaba por venir. Juzgué inútil mostrarles una carta para el misionero, pués no habrían podido leerla. Sintieron mucho no poder acceder a nuestro pedido porque el misionero se había llevado la llave de la casa. No había otro remedio que esperar la llegada de Döll y Ochsenius; me senté en el banco y como mi estómago me recordaba que no había recibido nada desde la cazuela de la mañana comí el último pancito que me quedaba. En ésto llegó un hombre, que era un mayordomo o sacristán, con un cuerno de buey lleno de chicha que me ofreció y después se fué, lamentando la ausencia de su patrón. Ya había venido la noche cuando oí a larga distancia el ladrido de perros; este ladrido se sintió cada vez más cerca, a medida que se oía la aproximación de caballos y luego aparecieron son Guillermo Döll y Ochsenius.
Aparecieron también de nuevo las dos criadas, que esta vez tenían la llave de la casa que el misionero había llevado consigo. Cuando conocieron a Döll, nos dejaron entrar y hasta nos prepararon un charquicán y otro guiso más. Nuestras camas, por supuesto, eran los pellones de la silla tendidos en el piso. Al día siguiente nos encaminamos a la casa poco distante de la señora Javiera Reyes de Bastidas. Esta señora era una conocida de mi conductor y viuda de un señor Felipe Bastidas que había sido Gobernador del Departamento de La Unión y muy amigo de mi hermano Bernardo. Döll esperaba que ella nos proporcionaría los caballos y mulas necesarias para llegar a Osorno, y su esperanza no fué frustrada. La amable señora mandó luego al potrero a buscar los animales y cuando hubieron llegado y la carga había sido puesta sobre las mulas, continuamos, como a las dos de la tarde nusetro viaje. Yo sabía que el Camino Real atravesaba el Río Bueno en un punto llamado Trumao o Thumagh (el idioma araucano tiene una consonante particular que no existe en otros idiomas y que tiene un sonido intermedio entre "tr", "ch" y el "th" de los ingleses, y a la "o" final de las voces se pronuncia con frecuencia de un modo poco claro, así que varios linguístas chilenos reemplazan la "o" por "gh", pero yo he oído casi siempre pronunciar "Trumao"). El camino no ofrecía dificultades, pero demoramos mucho en él, porque a cada rato había que componer las cargas, etc. y la compañía se dividió en tres partes: adelante iba don Guillermo, que en su 'ardor juvenil' no quiso esperar la compostura de las cargas, después venía yo y a bastante distancia las mulas. El terreno era abierto y bastante elevado, y para llegar al río había que bajar una cuesta bastante larga; devi´se éste a mis pies, pero no descubrí casas, sino sólo un rancho al otro lado con una lancha y una canoa atracadas. Creía que me había equivocado en el camino y siguiendo un sendero a la izquierda, entré en un bosque de Pitras (especie arbórea de mirtus), donde había visto un indio. Le mostré una pieza de dos reales, suplicándole me mostrara el camino para llegar al balseo. A corta distancia salimos de este bosque y me señaló una playa erenosa en frente del rancho. No habría creído jamás que el balseo del río en el camino real era tan primitivo; me hallé solo, no había traza de Döll y sólo al cabo de casi media hora vino el arriero con Ochsenius con las mulas; le pregunté si no sabía nada de don Guillermo y me contestó que este señor estaría probablemente arriba donde el misionero; le despaché entonces para decir a don Guillermo que lo estábamos eperando. Mientras tanto me habían servido una buena taza de café y platicado con el padre.
Nos balseamos felizmente en el gran canoa hecha de un tronco de árbol; la carga y los bípedos en la canoa, tirando los cuadrúpedos que pasaron el río a nado.
Ya se había muy tarde y no era posible llegar a Osorno de día. Entonces don Guillermo tomó un caminito que conducía a la habitación de un amigo suyo, don Nicolás García, habitación que estaba a la izquierda del camino real y a bastante distancia, para que alojásemos ahí. Llegamos cuando ya era muy oscuro; don Nicolás no estaba en casa; pero la señora nos recibió con la hospitalidad que siempre he encontrado entre los chilenos y mandó hacer una comida, aunque era ya muy de noche. Al día siguiente llegamos felizmente antes de medio día a Osorno, sin haber experimentado contartiempos, y nos hospedamos en casa de don Jorge Aubel, herrero de oficio y uno de los 9 colonos alemanes que yo había enviado en 1845 a mi hermano para la Hacienda Bella Vista, situada en la orilla Sur del Río Bueno a poca distancia del puerto de Trumao, donde yo, como se ha dicho, no encontré entonces nada más que un rancho. El arriero uy las mulas se volvieron para Daglipulli.
La villa de Osorno se componía en aquel tiempo de pocas casas, pero tenía una iglesia de piedra y un convento de franciscanos; había, a más de Aubel (sic), otros colonos alemanes, que estaban en buenas condiciones. Las casas eran de madera, por supuesto, en un país donde hay tantos árboles y donde la madera es baratísima; pero toda la enmaderación de las casas era trabajada con sierra y cepillo; los piés derechos estaban sobre soleras no enterradas en tierra; los pisos eran de tablas y las ventanas tenían vidrios. En una palabra, eran como las casas de las villas y aldeas de Alemania.
Nueva casa San Juan
Había también un médico alemán, el doctor Germán Schneider, contratado por mi hermano para los colonos que éste enviaba a la Provincia de Valdivia, lo que fué un gran consuelo para mí, porque Ochsenius, que, como he dichomás arriba, no había nunca montado un caballo en Alemania, quedó tan maltratado con el viaje que necesitó asistencia médica y tuvo que permanecer varias semanas en Osorno para reponerse.
Döll y yo pensamos desde luego en los preparativos para continuar el viaje, tarea en que nos ayudó eficazmente el Gobernador de Osorno don Francisco Montecinos. Alquiló para nosotros mulas y nos dió por guía al indio más vaqueano en el departamento, un tal Pichijuan, insigne ladrón de animales, a quien sacó de la cárcel. Era también menester acopiar los víveres necesarios para 3 o 4 semanas; el artículo principal era hrina tostada. No neseito decir que no es la harina que se tuesta, sino el trigo mismo, del cual se separa el hollejo, operación que las indias hacen pisándolo con los piés. El trigo así limpiado se muela en una piedra plana, un poco inclinada, por medio de otra piedra que se mueve con las dos manos. Esta harina tostada es un excelente alimento y cuando los chilotes van al monte para labrar maderas y tablas suelen alimentarse únicamente de ella durante varias semanas. Se puede tomar cruda, con agua, ulpo, o con chicha de manzana, cupilco; se puede también cocer, y cocida con grasa, sal y un poco de ají, es un guiso nada despreciable. Como necesitamos una gran cantidad y no existía molino, toda esta preparación debía hacerse a mano y se perdieron varios días en reunir la cantidad que necesitábamos para el tiempo. Los demás víveres consistían en sal, grasa, ají, queso, charqui, yeba-mate, café, axúcar, etc.
Osorno (...) había adelantado muy poco; muchas manzanas estaban sin casa alguna y la ciudad se parecía más bien a un cardal con casas esparcidas. Las nuevas eran contruidas por los alemanes al modo europeo; la más considerable era la de un francés, Eugenio Barruel, que tenía el apodo de "el diablo cijuelo". Tenía dos pisos y estaba situada fuera de la ciudad, al lado del camino que venía de La Unión.
En el mapa de la Provincia de Valdivia, publicado por mi hermano en Alemania en 1849 y dibujado según los pocos datos geográficos que se tenían, había un gran espacio en blanco entre Osorno y la alta cordillera, y entre Osorno y el Reloncaví con la inscripción; "bosques impenetrables por la quila" (...) Mas, en el año siguiente esta quila desapareció por un enorme incendio y el bosque antes impenetrable pasó a ser en su mayor parte una "quema". Sin ésto no habría podido pensar en mi excursión al volcán Osorno. Para explicar este gran incendio debo hacer una pequeña disgresión botánica. Aunque todas las plantas chilenas, con escasísimas excepciones (...) ninguna llama tanto la atención (...) como las llamadas quila y coligüe o coleu, gramínea leñosa de la sección de los bambúes, que se distinguen de las otras gramíneas, no sólo por ser leñosas, sino que también por las hojas (...) que ofrecen al ganado un excelente alimento durante la estación en que las gramíneas y demás plantas forrajeras carecen de hojas. (...) Otra particularidad es que necesitan muchos años para poder florecer y desarrollarse semillas. Después mueren y se secan, lo que es aún más singular, todas las quilas o coligües de un lugar suelen florecer al mismo tiempo. En los 48 años que estoy en Chile, un coligual que tengo en mi propiedad en Valdivia ha florecido una sola vez en 1868; en 1894 se secó una especie de quila en la provincia de llanquihue.
(...) En mi excursión al volcán me sucedió un día que debiendo atravesar un quilantal bastante grande, mis dos indios trabajaraon un día entero en abrir un camino que al día siguiente recorrí al paso del caballo en menos de un cuarto de hora (...) Muy diferente es el crecimiento de los coligües (...) se elevan perpendicularmente, y según las especies, hasta 2 y 8 metros de altura sin ramificarse (...) Es preciso andar lentamente por estos caminos cortados, porque la parte inferior cortada oblicuamente por el machete puede lastimar los caballos (...) así sucedió a mi compañero Döll; un coligüe oblicuo cortado se internó en el vientre de su caballo, como 30 cms; felizmante no penetró en la cavidad del vientre sino sólo debajo de la cutis, pero el caballo perdió tanta sangre que hubo la necesidad de dejarlo y reemplazarlo(...)

EXCURSION AL VOLCAN OSORNO
El 17 de febrero pude al fin partir para el volcán, el primer día encontramos todavía un camino, lo demás era tierra incógnito; íbamos don Guillermo y yo y los dos indios, que servían de arrieros y de camineros (...) Ochsenius no estaba todavía bastante alentado para podernos acompañar (...) El tiempo nos fue adverso; hubo frecuentes lluvias que dificultaban a veces el paso de los ríos, y hasta una nevazón. No logré llegar al cráter del volcán; los víveres se concluyeron y el penúltimo día del regreso no nos quedó más que un pedazo de charqui. El Pichijuan me dijo que conocía (y que estaba a alguna distancia del camino que teníamos que tomar) a un indio que quizás podía darnos algo que comer (...) y fuimos en busca de este indio. Cuando los araucanos se visitan unas como los chinos muchas formalidades, Pichijuan me enseñó las más esenciales. Detuvimos los caballos a alguna distancia de su "ruka", delante de la cual había un gran fuego: en eun grueso trnco caído estaban sentados el indio, su mujer, que parecía tener apenas 15 años, y su suegra tomando chicha. Cuando nos vió, vino con un cuerno lleno de chicha y me invitó a bajar del caballo con la palabra "cachimi" a lo que contesté con la palabra "faimai" y me ofreció la chicha, que era nueva, hecha de las manzanas verdes, y sólo un poco más agria que vinagre, Pichijuan comenzó entnces una larga plática y nos sentamos junto a ellos. Pichijuan tomó el pedazo de charqui que nos quedaba, insertó en él un palo y lo asó sobre las brasas, después lo cortó en 7 pedazos, que resultaron, por supuesto, bastante chicos, y me dijo que yo debía ofrecer el charqui a nuestro huésped y familia (...) la joven esposa nos regaló un canasto de papas, las que asadas en la ceniza fueron nuestra comida y cena a la vez.
Había cerca de la casa otra más chica, ocupada sólo por las gallinas, que dormían en las vigas. Esta casa nos fue dada para dormir. Pichijuan y el indio nuestro huésped, pasaron la noche bebiendo (...9 Estuvimos de vuelta en Osorno y pude, después de haber dormido tanto tiempo vestido y en el suelo, descansar sobre un colchón.

GUILLERMO DÖLL, SEGÚN R. PHILIPPI
Con respecto a Guillermo Döll, Philippi señala: su carácter inquieto no le ha permitido quedarse mucho tiempo en la misma ocupació. Había llegado a Chile unos 5 o 6 años antes que yo y entró primero en una fábrica de jabón y velas de don Juan Stuven, pero el olor del sebo le desagradaba y mi hermano le tomó de mayordomo en la Hacienda de Bella Vista, situada en la dirección de suroeste y a poca distancia de Trumao, ña que pertenecía entonces a la Sociedad Flint y B. Philippi (Flint era un negociante de Valparaíso y Cónsul Prusiano).
Guillermo Döll
Habiéndose disuelto esta sociedad por la quiebra del señor Flint y pasado la hacienda, por compra, a don Francisco Kindermann, perdió su destino. Estuvo algún tiempo de Contado en el vapor Arauco. En 1852 fue secretario de la Intendencia de Valdivia; en 1853 ayudante del señor Pissis, que levantaba el mapa de Chile; en 1855 redactor de un periódico de Valparaíso y después dueño de una litografía en el puert. Pero no duró tampoco mucho tiempo y alguno años más tarde lo encontré en la Provincia de Valdivia en un potrero, situado a orillas del lago Pilmaiquén, se ocupaba en criar ganado y vivía solo como un vaqueanoés lo perdí de ista; como era mui económico y no tenía ningún vicio, reunió algunos realitos y regresó a Alemania, donde murió de un ataque apoplético que le sobrevino en una calle de Kassel. Era Agrimensor de oficio.

EL FUNDO SAN JUAN
Calzado hecho no se encontraba en Osorno; era, pues, necesario encargarlo a un zapatero. Tenía que acomodar las colecciones de plantas que había hecho (...) Mi viaje al volcán me había dado a conocer como los buenos vecinos podían hacerse dueños de grandes trechos de terrenos casi de valde (...) Al segundo día de mi entrada a estas regiones encontramos un indio cuya casa era hecha con 20 tablas de alerce, colocadas olicuammente en el suelo. Había hecho un pequeño cultivo de papas y de maíz (...) Tenía allí, además, 3 o 4 animales vacunos. Un cabildante de Osorno lo había colocado allí para comprarle después un gran terreno, para lo cual el indio debía jurar que vivía allí, teniendo casa, sembrados y ganado y que todo el terreno circunvecino era desde tiempo inmemoriable propiedad de su familia. El señor cabildante estaba bien seguro que ningún miembro de la municipalidad dudaría de que todo era efectivo, pues todos eran o sus parientes o sus compadres y seguros de que él les prestaría, a su vez, la misma ayuda en otra compra análoga de terreno. No tenía ningún escrúpulo de estafar de este modo al Estado (...) Eran, pues, frecuentes estas compras fraudulentas de terrenos fiscales (...) Me abstengo de contar como una extensa parte de la provincia fué comprada.
Cuando estuve de regreso en Valdivia mi ocupación fué, por supuesto, la de informarme de todo lo concerniente al fundo an Juan que mi hermano había comprado. Registré los documentos relativos y tomé todas las informaciones que me podían dar (...) Era poca cosa; todas estaban conformes que era muy pastoso, que la esposa del vendedor había vendido una parte del fundo en $450, pero que esta venta era probablemente ilegal. En cuanto a su extensión, algunos decían que tenía como 1.200 cuadras, otros que tenía 5.000 cuadras. Don Juan, el vendedor, había vuelto últimamente a Valdivia a reunirse con su esposa, de la cual había quedado separado desde 1811, cuando marchó con la guarnición de Valdivia al Norte. Había dejado a esta señora para su sostén su casa de Valdivia, construida como las otras casas antiguas de la ciudad, de postes enterrados en el suelo; los productos de un molino (por supuesto de estos pequeños molinos de un sólo par de piedras que no daba sino harina mezclada con afrecho) y el fundo San Juan. El título de Hacienda no se daba en la Provincia de Valdivia a ninguna posesión. Cuando eran muy grandes se llamaban potreros (...) Averigüé, también, como el Coronel don Jaun Carvallo había llegado a ser propietario de San Juan. Como he dicho en otro luar, Valdivia era en el tiempo del coloniaje un presidio que recibía su Situado de Lima y que recibía artículos europeos y otros, que ahora juzgamos de primera necesidad, sólo con el buque que traía una vez al año el Situado.
Tesorero de la Guarnición, un selñor Aguirre, que era el primer propietario de San Juan, había hecho la especulación de encargar mercaderías por el valor de $60.000 pesos a Lima, las que debían llegar a Valdivia en un buque fletado para esta remisión, lo que habría dado una pingüa ganancia; pero elbuque se perdió totalmente, y como nada estaba asegurado, puesto que los seguros eran entonces una cosa desconocida, el señor Aguirre se encontró muy apurado para pagar en Lima las cosas compradas. No tuvo otro recurso que el de echar mano sobre los rollos de onzas de la caja confiada a su ciudado. El General Clarke, Comamdante de Valdivia, era su gran amigo y se contentaba en las visitas de la caja con levantar los rollos que había sin abrirlos, confiado en la probidad, hasta entonces intacta, de su tesorero.
Pero no faltaron personas que levantaron sospechas, de modo que el General se vió obligado a examinar también el contenido de los rollos, y no sólo se número, y halló entonces que muchos rollos contenían plomo en luar de oro. La consecuencia de este descubrimiento fué el enjuiciamiento, la destitución del tesorero y la confiscación de sus bienes; su potrero de San Juan fue vendido en ramate público el año 1808 en $4.800 y comprado por el Capitán don Juan Carvallo.
Aguirre había obtenido del General Clarke 40 presidiarios y los había hecho trabajar en dicho fundo; se habían levantado 2 grandes casas, como decían las personas ancianas, pero que probablemente no eran otra cosa que barracas; un molino; se había desmontado una porción de terreno y sembrado trigo; se habían plantado árboles frutales y encontrado manzanos, membrillos, ciruelos, hasta 2 higueras y una parra, y habían más de 80 animales vacunos, etc.
Instalaciones San Juan
La señora de don Jaun no era capaz de administrar el fundo; había vendido, como se ha dicho, una parte, la que resultó ser más de la mitad del fundo, y había arrendado el resto como potrero. En 1852 no había ni siquiera trazasa de las 2 grandes casas, ningún sembrado, ninguna cerca, ningún puentecito. Del molino no quedaban más que unos 6 postes; un vecino se había llevado las piedras. No había más que el terreno y aún en las partes limpias había vuelto a nacr monte. Cuando mi hermano quiso comprar en Santiago este fundo el señor Carvallo, los dos sabían sólo, en general, que estaba muy abandonado y don Juan no sabía indicar ni siquiera aproximadamente su extensión. Hicieron pues, un contrato que honra mucho la honradez de ambos, pero cuya ejecución era muy difícil y engorrosa, y comprendí perfectamente por qué don Ernesto Frick se había negado a su ejecución y había depositado su poder en el juzgado. Yo no tenía ningún poder de mi hermano, y me veía, pues, obligado a esperar resignado la carta y poder de él; pero éstos no venían.
El 21 de Junio llegó, con gran sorpresa y regocijo, mi hermano. Había sido ascendido a Teneinte Coronel, llamado por el Gobierno y nombrado Gobernador de Magallanes con el encargo de reestablecer la colonia de Punta Arenas, destruída enteramente a consecuencia de la rebelión de Chambiazo (sic). Para este efecto debía contratar en Valdivia artesanos como albañiles, carpinteros, herreros; debía contratar también, si era posible, un médico, etc. La guarnición debía embarcarse en Ancud.
Don Juan Carvallo exigió entonces a mi hermano el cumplimiento del contrato de la venta del fundo San Jaun y como éste no tenía el tiempo para hacerlo, me dió poder amplio y especial para concluir este asunto. Manifesté al señor Carvallo que el cumplimiento del contarto, tal como había sido hecho, no podía convenir a ninguna de las partes contratantes; la mensura del terreno exigiría a lo menos el trabajo de 2 veranos y sería muy costosa, puesto que no existía en la provincia ningún agrimensor recibido y era necesario traer uno del Norte; que sobre la tasación podrían nacer cuestiones, etc, y que convenría más bien fijar de común acuerdo el precio. Se convenció que yo tanía la razón y le pregunté entonces que precio pedía; me dijo $2.000 pesos lo que me pareció excesivo. Como yo le preguntara qué entrada había tenido la hacienda, tuvo que confesra que estaba arrendada en $50; y ciertamente un fundo que daba tan exigua renta no podía valer dos mil pesos. Ofrecí $1.200, y como él insistió en dos mil, le dije:"Entonces debemos proceder según el contrato: me informaré cuánto podrá costar más o menos la mensura".
Casa Fam Castelblanco 1858 (O'Higgins con Carampangue)
Había en Valdivia, entre los colonos alemanes un tal Reuter, que había medido las hijuelas que los colonos alemanes habían recibido, sea en la isla de Tejas en frente de la ciudad, sea en las orillas del río, y me contestó que por la mensura de una cuadra limpia había recibido un peso y por la de una cuadra de monte peso y medio. Comuniqué esta noticia al señor Carvallo y le supliqué de hacer la cuenta y que vería que la mensura le perjudicaría grandemente, que la mayor parte del terreno de San Juan era monte, como confesaba, y que una cuadra de monte valía en esta época, en el interior de la provincia, sólo 4 reales; que la mensura y tasación importarían, pues, el cuádruplo del precio en que se tasaría el terreno, y como el vendedor tenía que pagar la mitad de los costos, resultaría que excedería, probablemente, el precio (...) Se convenció que yo tenía la razón y convenimos en que yo pagaría 1.500 pesos (...)
En Octubre, cuando el camino para el interior fue transitable, me encaminé con Ochsenius, para tomar posesión del fundo. Como el camino pasaba por el gran Fundo, Potrero o Monte llamado Catamutún, examiné con Ochsenius a pedido de los señores Lorca, dueños del fundo, la Mina de Carbón, que decían existía (..) y que según ellos, era una gran riqueza. Efectivamente encontramos carbón de la misma calidad que el de Lota, y en las mismas condiciones, es decir, en el terreno terciario y en una capa, entrecapas de una roca blanda llamada Cancagua (...) A más de éso, el transporte del carbón hasta Valdivia debía de hacerse a mula, de modo que el precio de costo iba a ser muy alto, y pensé que más valdría renunciar a la explotación. Lo acertado de este informe fue confirmado (...) por el señor Julio Bernstein y quien mandó un Ingeniero en Minas inglés, Stephenson, a estudiar escrupulosamente las condiciones en que se hallaba el carbón de Catamutún, y un Ingeniero alemán, Duvigneau, para estudiar la línea de un ferrocarril que talvez podría construirse desde Catamutún a Corral, y ambos fueron del mismo parecer que no podía explotarse el carbón con ventaja.
Nos alojamos en la casa de un señor don José Antonio Bastidas, esperando la llegada del apoderado de don Juan Carvallo, que debía entregarme el fundo (...) El señor Bastidas era el vecino más cercano que tenía y me fue muy útil, dándome todas las informaciones necesarias (...) Conocía perfectamente los linderos y todas las partes del fundo. Permití dejar pastar sus animales vacunos y caballares en mi fundo a condición de que yo pudiera emplear sus bueyes para acarrear las maderas para la casa y molino que pensaba construir.
El 5 de Noiembre me notificaron que había llegado a La Unión el apoderado de don Juan Carvallo, un señor Olivares para entregarme el fundo. El 6 me apresuré para ir a La Unión, pero el señor apoderado había hecho un viaje a Osorno. Compré entonces al señor Gobernador del Departamento, don Eusebio Ríos, una carga de chicha y otra de papas; quise comprar también ají, aguardiente y café. La única tienda, la do don Juan de Dios de Arce, estaba cerrada, pero la señora de éste me hizo esperar la llegada de su marido y entonces supe que estos 3 artículos sa habían concluido, pero que el señor don Ramón Soto había llegado algunos días antes de Valdivia, trayendo una pipa de aguardiente y que me la vendería probablemente.
Efectivamente quiso venderme (...) dos botellas a 6 reales cada una, pero no tenía botellas. Fuí (...) de casa en casa y las conseguí felizmente ( y pude volver a San Juan con el aguardiente en la alforjas (...).
Finalmente tras muchas dificultades, el Fundo San Juan pasa a manos definitavas de del "Armando" Philippi.

RELACION DE LOS COLONOS ALEMANES Y LOS CHILENOS, SEGUN PHILIPPI

Terminaré estos apuntes diciendo algunas palabras sobre las relaciones que hubo en los primeros años entre los colonos alemanes y los hijos del país, y que no eran tan cordiales como era de  desear. Los alemanes se sorprendían de que la provincia estuviera tan atrasada en la civilización y la gran masa de la población tan ignorante. Era, pues, muy natural que muchos de ellos se creyeran gente muy superior e hicieran a veces sentir su superioridad. Por itra parte, los caballeros notaron, en los primeros años y con desagrado, que los alemanes hacían mucha plata, que levantaban casas más bonitas que las suyas, que tenían ventanas con vidrios y cortinas, que tenían muebles, sofaes (sic), roperos, y se quejaban de que ya no eran ellos las personas más sobresalientes del pueblo y que simples artesanos se vestían mejor que ellos y tenían más comodidades en sus casa que ellos, pretendiendo ser caballeros también. No comprendían que sólo el trabajo da la riqueza, No me acuerdo en que año fue cuando el Ministro don Antonio Varas visitó Valdivia. Los caballeros chilenos de la ciudad le dieron un banquete y uno de éstos se quejó de que los alemanes, advenedizos al cabo, de pocos años se hacían más ricos y más soberbios que ellos. Don Antonio preguntó; ¿De dónde proviene ésto?. Y recibió la contestación: "Es que son muy trabajadores y económicos", a lo que el señor Varas replicó: "Y por qué no adoptan ustedes estas buenas cualidades?". Su contrario le dijo: "Un caballero no debe trabajar". El señor Varas dijo: "Si es así, no deben quejarse si los hombres que trabajan valen más!".
Valdivia 1897. Al fondo Cervecería Anwandter
No necesito decir que las personas inteligentes comprendieron luego la ventaja que les había traido la inmigración de los alemanes. Antes no había botica en la capital de la provincia; luego tuvieron una y muy buena, la del señor Carlos Anwandter. No había satre capaz de hacer una levita; no había ebanista capaz de hacer un mueble algo decente; no había hojalatero, etc,; pero con la inmigración tuvieron luego muchas comodidades de la vida de que habían carecido antes. Por otra parte, los alemanes inteligentes sabían tomar en cuenta las circunstancias y conocieron luego las buenas cualidades delcarácter chieno.
Una anécdota ilustrará la idea que tenían los caballeros del interior.
Mi vecino, que, como se ha dicho arriba, apuntaba con doble tiza los cachos de chicha tomados por los indios y que se jactaba de ser el primer personaje de los "Cuncos", había contraido mucha amistad con el carpintero que trabajaba las puertas para mi casa, y hasta eran compadres.
Don francisco tenía 12 hijos hombres. Un día le dijo su compadre carpintero: "Compadre, usted debería hacer aprender a uno u otro de sus hijos un oficio, Vea cuanto gana un carpintero, un herrero, "Nó, le contestó don Pach, y mis hijos son todos caballeros".
Murió este caballero, y resultó que tenía, a más del terreno colindante con el mío que era de un tamaño bien módico, un potrero en el monte, que tenía 40 caballos, unos 80 animales vacunos y 300 pesos en dinero efectivo.
Esta gran herencia había de repetirde entre los 12 caballeros y caballeritos su hijos. Es claro que la parte que tocó a cada uno fue tan pequeña que no les dió la posibilidad de vivir de ella sin trabajar como peones. El resultado final fue que casi todos ellos cayeron en pobreza.
¡Cómo han cambiado las cosas en los 48 años desde entonces!
El que va ahora a Valdivia, La Unión, Osorno, creerá con dificultad en qué estado se hallaba la provincia cuando yo la ví por primera vez.

**NOTA
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http://historiadevaldivia-chile.blogspot.com [HISTORIA DE VALDIVIA-CHILE]

Fuente:
* Valdivia en 1852, Philippi, Rudolph Amandus, 1808-1904. La Revista de Chile: Hume y Cía, 1898-1901. Nº 73, Mayo 1901. Nº 75, Junio 1901. http://www.memoriachilena.cl
* Julio César Avendaño. Recopilación Personal. http://historiadevaldivia-chile.blogspot.com