VALDIVIA, CAPITAL CULTURAL DE AMERICA 2016/THE INTERNATIONAL BUREAU OF CULTURAL CAPITALS -MARTES 10 JUNIO 2014 historiadevaldivia.chile@gmail.com HISTORIA DE VALDIVIA - CHILE: EL ORO DE VALDIVIA

EL ORO DE VALDIVIA

Desde el momento mismo del asentamiento del Conquistador Pedro de Valdivia en los valles de Santiago, ya se tenía certeza de las actividades auríferos por parte de los indígenas, especialmente de los dominios de Michimalongo en los lavaderos del Malga Malga. A éstos hay que sumarle los lavaderos descubiertos a partir de la segunda mitad del Siglo XVI. Ruíz de Gamboa da cuenta de los hallazgos en la Imperial y Villarrica, sumados a los lavaderos ya existentes en Andacollo y la Serena”. En la zona Sur, el Padre Diego de Rosales describe riquísimas minas en el río Carahue cerca de Imperial y en las lomas de Calcoimo, Relomo y Repocuro, cerca de Valdivia.
El oro de estas últimas localidades será reconocido como el oro de Valdivia. (Con respecto al oro de la Ciudad Rica, el Capitán Mariño de Lobera señala: “por estar cerca de la ciudad de Valdivia se llama oro de Valdivia”)
Así mismo, el Padre Guarda –en su monumental obra Nueva Historia de Valdivia- consigna que para el Gobernador Alonso de Sotomayor sobre las minas del reino, se afirma que “el de Valdivia y Osorno es oro muy subido de quilates”; en La Descripción del reino de Chile y de algunas de sus minas, hecha por el Capitán Riva Martín se agrega que “los términos de las tres ciudades, Valdivia, Ciudad Rica –Villarrica- y la Imperial tienen muchas y muy ricas minas y el oro de todas ellas viene a ser de unos mismos quilates y de ordinario de la ley perfecta, porque todo tiene una misma fundición que es en la ciudad de Valdivia”.
 Así, el oro de Valdivia, Osorno y Villarrica, recibe el nombre de la ciudad por estar en ésta la marca real, y “cuan nombrado es el oro de Valdivia, por ser el mejor que se saca en todo el reino de Chile”.
La natural reacción de los primeros conquistadores de Valdivia, los lleva a tomar decisiones en aras de posesionarse del codiciado metal. El Capitán Alonso de Góngora Marmolejo –en su Historia de Chile- nos relata de cómo Francisco de Villagra, al salir de Santiago rumbo a Cañete, toma sus recaudos y nos señala: “Villagra les dejó a su hijo Pedro de Villagra, y con él al Capitán Reinoso, con ciento y veinte hombres de guerra, fuera de los que sustentaban la ciudad, y él se fue a la ciudad de los Infantes, que estaba diez leguas de Cañete. Estando allí pocos días se partió a la Imperial; parando en ella poco, pasó a la Ciudad Rica, que estaba cerca de las minas de Valdivia, muy ricas de oro. En aquel tiempo, Francisco de Villagra al momento de salir de la ciudad de Santiago, había enviado delante al Licenciado Altamirano con comisión suya para que fuese a las minas, y que, como Justicia, tuviese cuenta con todos los que andaban sacando oro , y que cada noche recibiese el oro que sacasen y lo metiese en un cofre, teniendo cuenta de quién y cuyo era, para que cada uno hubiese lo que fuese suyo”.

EL ORO DE VALDIVIA
El oro de Valdivia propiamente tal, corresponde a los lavaderos Madre de Dios ubicados a 35 Kms aproximadamente de la actual San José de la Mariquina. El Jesuita Juan de Mariana, señala que “también se descubrieron en varias partes minas de oro, y una muy opulenta cerca de Valdivia en el río de la Madre de Dios, donde se han sacado dos millones de pesos de oro puro"; y en los relatos dedicados a la Conquista de don García Hurtado de Mendoza, Mariño de Lobera, cuando se refiere al descubrimiento de minas de oro de Madre de Dios, señala: “andaba y caminaba de unas ciudades a otras con toda seguridad porque de cuatro a cuatro leguas había tambos, y en los ríos, balsas y canoas, y en su tiempo se descubrieron grandes riquezas de Chuapa y las minas de la Madre de Dios de Valdivia , de do se ha sacado y saca oro innumerable”, y continúa: “en este tiempo se descubrieron unas minas de oro en un río que llamaron de la Madre de Dios siete leguas de la ciudad de Valdivia , cuya riqueza fue tanta, así por la mucha cantidad como por la fineza, que llegaba a veinte y tres quilates, que acudió mucha gente del reino a ocuparse en su labranza. Dio ésto a don García mucho contento viendo que su entrada y salida en Chile había sido con buen pie, y alegrándose de que la gente tuviese con qué salir de su pobreza. Y fue tanta la gravedad de estos principios respecto de haber indios de paz que labrasen las minas, que envió la ciudad de Valdivia a ofrecer a don García buena cantidad de oro para los gastos del viaje. Mas como él estaba tan desinteresado de todo esto que aun lo que le había quedado de lo que sacó del Perú lo fue repartiendo entre personas necesitadas, dejando el resto en la ciudad de la Concepción por ir más ligero, respondió que les agradecía mucho la voluntad y oferta que le hacían y se alegraba mucho de que en su tiempo se hubiese descubierto tal tesoro para remediar sus necesidades”.

El Padre Guarda señala que al menos desde 1563 se transa en Lima “oro fundido y marcado de Valdivia” y en la Relación de lo sucedido en Chile, de Jerónimo Serrano, sobre el desastre de Curalaba, se alude a la pérdida de “7.000 pesos de oro de Valdivia que traía el Gobernador suyos”.
Las fuentes insistirán en la riqueza aurífera de la propia ciudad, no sólo en las afamadas minas de Madre de Dios, sino en todo su ámbito geográfico: el sector del río El Palillo deriva su nombre de una barrica cilíndrica encontrada allí en el XVI.; hacia 1860 serán reconocidas por Paul Treutler antiguas minas en Punucapa, Quitacalzón y Mancera; en 1867, por Vidal Gormáz, las de los ríos Santa María y Futa, encontrando en el primero “canales que aun se conservan bien, aunque interrumpidos por los troncos de los corpulentos árboles”; Ignacio Domeyko reconocerá antiguos lavaderos en los ríos Angachilla y Calle Calle, incluso en la Cuesta de Soto, contigua a la ciudad, expresando el Ingeniero Manuel Olaguer Feliz, en 1797, que “la misma Plaza de Valdivia está cubierta de una capa de oro; yo he visto del polvo de cualquiera de sus calles extraerle, pero en tan poca cantidad, que para adquirir una onza se necesitan gastar cuatro”.
Gabriel Guarda nos cuenta que el gran yacimiento valdiviano se encontraba en las fuentes del río Pichoy, a 12 leguas al Norte de la ciudad y dos de la Mariquina; su descubrimiento ocurre a fines de 1560 o principio de 1561, poco antes del regreso de don García al Perú: Góngora Marmolejo dice que “fue Dios servido se descubriesen las minas de Valdivia, por extremo ricas, que dellas unas y otras se ha sacado en catorce años grandísimo número de pesos de oro”; en la Relación de servicios que hará el propio don García concluye diciendo “de manera que de la más despoblada y perdida tierra que había se ha hecho una de las mejores e más ricas de las Indias y de que más oro e quintos se dan a S.M.”

Abandonada desde 1599, en 1643 el Cacique de la Mariquina, ofrece a los holandeses revelarles su sitio, obsequiándoles una barretilla; en 1797 Tomás O’Higgins reconoce sus vestigios, en tanto que Rodríguez Ballesteros explicará que Pumillahue quiere decir tierra de oro, llamado por los españoles Madre de Dios, en cuyo cerro “hay varias bocaminas zanjadas, de antiguos artificios”.
En cuanto a su calidad, se afirma haber sido “el más fino oro que se conoce, porque se graduó bruto y como sale de la mina en veinte y tres quilates y dos granos”. En las transacciones se gradúa en 22 ½; o con más exactitud, según información de 1580, que no se paga a razón de 22 ½ quilates, sino “de la forma y manera que el oro sale de la tierra, y que unas veces era de 16, 18, 19 y 20 quilates, y la de Coquimbo era de 20 ½ y 21 quilates, salvo el oro de Valdivia que sube de 22 ½ quilates”.
El metal extraído es llevado a la Real Caja para deducir los derechos de la corona, se funde y marca; una Cédula de 1554, había determinado por 5 años el cobro del sesmo de oro, al cabo de los cuales se cobraría un noveno, “e ansí descendiendo en cada un año hasta llegar al quinto”; siendo éste el nombre que se conoce aquel derecho, que equivale al 20% del metal extraído. La marca se guarda en la Caja Real y la fundición debe asistir el factor con los dueños del oro, asentándose en un libro la cantidad que se metía.

LA MARCA DEL ORO VALDIVIANO
La invención de un tesoro, en 1746, permite conocer detalles de la marca del Siglo XVI, pues se precisa en su inventario “que ninguno de los barrotes dichos se les puede entender en qué año fueron quintados y sólo se reconoce bien que en el centro tiene cada sello una B grande, a que le sigue una figura, o torre, o ciudad, y a ésta una A”; tan interesante testimonio confirma que al marcar se estampaba el año, siendo la marca propiamente tal el escudo de la ciudad –la “torre o ciudad”- insertado dentro de su mismo nombre.
Según el estilo usual de las marcas y cecas de la época; el técnico que examina estas piezas en 1746 gradúa su ley en 21 quilates. Los protocolos notariales de Lima, Santiago, y otras ciudades, conservan incontables transacciones hechas con este oro, identificado por aquella marca, agregándose aclaraciones adicionales (Ceca es un troquel –medieval-, o molde hecho de metal duro con la misma forma que la moneda pero en negativo; es en este caso, el molde que se emplea en la acuñación).
En 1565, 2.903 pesos, 6 tomines “de buen oro fundido e marcado con la Marca Real, a 450 maravedis por cada un peso de buena moneda (…) de Valdivia!; en 1590, “de media barreta de oro de Valdivia, que pesó ochenta y siete pesos de oro”; o al año siguiente, “quinientos pesos de oro de contrato, de veinte quilates y medio, fundido y marcado con la marca real de Su Majestad, en una barreta de oro de Valdivia, y otro tejo de oro desta ciudad, y otros pedazos de dicho oro”.

Góngora Marmolejo reporta el número de mineros en el lavadero Madre de Dios y señala: “atento a que en las minas de Madre de Dios hay mucha gente que en ellas tiene oro y parece que en ellas se venderá mejor”, la alomeda se hace allí; con alcalde de minas y servicio religioso estable para españoles en indios, un listado provisorio arroja 26º  nombres en las actividades mineras.
En lo referente a la mano de obra, las primeras ordenanzas que rigen el trabajo indígena en las ciudades del Sur son dadas en 1599 por el oidor de la Audiencia de Lima, Hernando de Santillán, asesor jurídico de don García Hurtado de Mendoza. En una Relación de circa 1580, se precisa que “se saca oro en las quebradas y arroyos desde el 1º de Octubre hasta Marzo, porque demás del año es de muchas aguas y no se puede sacar en él oro”. En ese tiempo se echan a las minas la sexta parte de los indios de cada uno, debiendo dárseles herramientas, comida y doctrina, más la sexta parte del oro que sacan; aun, en una carta de Antonio Carreño al Rey, en 1576, se precisa que los indios van a los lavaderos desde 1º Noviembre a fin de Marzo y “los cuatro meses que restan se ocupan en sembrar maíces y otras obras, por manera que no huelgan en todo el año cosa alguna”. La tasa promulgada por el Mariscal Gamboa en 1580 fija en nueve pesos de oro el tributo anual de cada indio al encomendero, cifra que en Valdivia y Osorno debía ser sólo de siete pesos de oro, quitando además el servicio personal.
Debido a la escasa documentación existente, el Padre Guarda señala que “impide determinar tanto las cifras de producción, como el número de braseros empleados en su explotación, el cumplimiento de la legislación que protegía a los naturales, los inevitables abusos, en fin, las pérdidas de vidas por efecto de las pestes y epidemias”. Góngora Marmolejo informa que en Madre de Dios “dio tantas viruelas a los indios que lo sacaban y morían tantos de aquella pestilencia”, ante esta realidad, el Gobernador Francisco de Villagra finalmente mandó dejar de sacarse oro. En 1579 se estima en 1.300 los indios necesarios para  trabajar en un yacimiento descubierto en La Imperial; en 1594 se indicará que en el mineral de Quilacoya, en Concepción, asisten de ordinario 280 indios.
Según Antonio de Herrera en los términos de Valdivia cada indio sacaba 25 a 30 pesos de oro y más, “que montan más de cuatrocientos y quinientos reales de plata, que es una peregrina ganancia”; López de Velasco fija este rendimiento en uno y dos tomines cada día, mientras Rosales lo hace subir a “treinta pesos de oro, y treinta y cinco, sin fatigarse mucho para enterar la tarea”, repitiendo en otro lugar que cada día 14 indios sacaban al día 500 pesos “y el día en que sacaban cuatrocientos decían los señores de minas cuando se comunicaban: hoy no se ha sacado oro que de contar sea”. 

LA RIQUEZA DEL ORO VALDIVIANO
Con respecto a las cifras, Guarda señala que son imprecisas, citando a Ortega de Melgosa, en carta al Rey desde Lima, luego del descubrimiento de Madre de Dios, en la que afirma que “ha venido de allí para particulares más de quinientos mil pesos de oro, muy bueno, de veintidós quilates y medio y veintitrés”, dato que identifica la producción de Valdivia; en la información levantada por don García, en 1562, se afirma que se ha traído a Lima “más de un millón de oro”; Juan de Herrera, igualmente en carta al Rey el mismo año, hace subir lo sacado en Chile desde 1542 a “seis millones y más de oro”, habiendo pagado diezmo, no quintos, por 714.178 pesos. Si bien estas informaciones se refieren a todo Chile, en una carta del Cabildo de Valdivia al Rey, datada en Octubre de 1563, se asegura que en dos años “se sacaron en esta ciudad y en la de Santiago ochocientos mil pesos de oro de minas e más”. En 1641, según Méndez Arbieto “sen depositaron los tesoros de aquella antigua  Baldivia, tan nombrada por sus riquezas como codiciada su población de enemigos olandeses, memorias más para escritas y advertidas cada día en el Imperio y Consejos de S.M.”. Suárez de Figueroa, al mencionar el descubrimiento de Madre de Dios afirma que de allí “se han sacado más de veinte millones de oro de veinte y tres quilates”. En 1643, el P. Lorenzo de Arizábalo -en su Realción a Felipe IV-, señala que los naturales entregaron a los holandeses “un tesoro que había quedado enterrado de los españoles que perecieron cuando se rebeló aquella tierra y yo he visto la parte de donde lo sacaron” (La documentación holandesa no da cuenta de tal tesoro –P. Guarda)
En el Siglo XVIII se encuentran diversos entierros, como cierto cántaro con oro, por un Escalante, en 1749, siendo el más célebre el ayudante Juan Maldonado. Hallazgo acaecido el 4 de Noviembre de 1744, dando origen a un proceso por ocultamiento por parte del inventor, brindadndo la oportunidad de inventariar las piezas quintadas, como se indicó, “con cinco y seis sellos del Rey”; sucesivamente aparecieron primero 23 barretones y un tejo, después 18.000 pesos en oro y plata, 4 talegas de plata de cruz, 2.500 pesos “en varias monedas”, 2 barretones y un pedazo de oro, y finalmente otros 17 barretones, una inmensa fortuna; el veedor indicaba al Presidente que “ha puesto este tesoro a todo habitante de esta Plaza en tal estado  que todos están cavando con grandes instancias por parecer les han de sacar crecidas cantidades de oro por las noticias que hay de haber tesoro enterrado de su primitiva población”, pidiendo que se aplicase la parte correspondiente al Rey y a las fortificaciones del “antemural del seno peruano”.
Siendo difícil determinar a cuanto ascendió el monto total de este hallazgo, 23 libras, 14 onzas y ¾ de oro, un tejo y 9 barretones fueron remitidos a Santiago, por corresponder al Rey, dando el remate de 11 barretones en Septiembre de 1746, 2.392 castellanos de oro, 1.1/2 tomines, cantidad equivalente a 5.610 pesos, 7 reales; la suma de 42 barretones da 21.422 pesos, 7 reales, a lo que debe agregarse otros 20.500 pesos, cuyo total asciende a más de 41.922 pesos, sin contar un tejo, las cuatro talegas y el “pedazo de oro”: en resumen, más de la mitad del Situado Anual de la Guarnición. (Guarda)

La afirmación corriente sobre la disminución de la producción aurífera a partir de 1560 no parece ser aplicable a la producción valdiviana; a los testimonios citados se puede añadir el del P. Juan de Vega, de Febrero de 1572, que en carta al Consejo de Indias afirma que “ en sólo dos navíos en este año han salido al reino del Perú doscientos treinta mil pesos oro (…) solamente en lo que ha bajado de Valdivia”; Rodrigo de Quiroga al referir el  ataque de Drake, en 1579, indica que incautó 25.000 pesos del mismo oro; y en pleno 1598, según informe de los oficiales reales, fechado en Madrid el 22 de Junio, sobre la creación de una oficina de la Real Hacienda en Valdivia, se da como razón sacarse “en su término más oro que en la Imperial ni en otra”. (P. Gabriel Guarda)
La fama de la buena ley del oro de Valdivia era tal que sus habitantes, connotados capitanes, vecinos y encomenderos, fueron muy reputados, a merced de sus fortunas traídas desde las minas Madre de Dios. Don Reinaldo Muñoz –en su obra Historia de Chillán- nos relata de cómo “Al dominicano Fr. Cristóbal de Zamulio, que fue cura desde 1586, sucedió su hermano en religión, Fr. Juan Salguero. Puso éste en remate los diezmos de la ciudad y sus términos, es decir, de todo el territorio comprendido entre el Itata y el Longaví” (…), y con respecto al pago de este diezmo, señala: “Que la paga ha de ser en buen oro de Valdivia de veintidós quilates y medio, fundido y marcado el primer tercio a esta Navidad (?) adelanto del dicho año; y andando con el dicho pregón apercibiendo a remate, y habiendo algunas pujas se remataron en Francisco Martínez, vecino morador de esta ciudad , en trescientos pesos de buen oro de Valdivia , que fue la persona que más por ellos dio cuando se acabó la candela; y el dicho vicario se los remató y el dicho Francisco Martínez se obligó a pagar los dichos trescientos pesos de buen oro de Valdivia a los plazos y condiciones acostumbrada, y de que por ello (ofrece) fianza legal, llana y abonada; y lo firmó de su nombre, con el dicho vicario y corregidor, y fueron los testigos el capitán Esteban de Lagos y el alcalde Alejo de la Fuente y Juan Suárez y otras muchas personas; de que yo, el presente escribano, doy fe. -Fr. Juan Salaguerro. -Francisco Ortiz. -Miguel de la Cerda. -Francisco Montesinos. -Ante mí, Juan García Jove, escribano”.
El Padre Diego de Rosales -“valdiviano por opción”-, el cronista más grande del Siglo XVII; hablando de Madre de Dios dice que “ adquirieron tanto oro los españoles, que tenían por ás barato labrar de oro los frenos, espuelas, estribos, evillas y herraduras de los caballos, que de hierro; no corría en el comercio sino oro en polvo para comprar el pan, la carne, fruta, hortalizas y todo lo demás; no había otra moneda sino oro, y abundaban los mercaderes, taberneros, tenderos y vendedores, cargados de pesos y balanzas para comprar y vender”. “Las galas, la bizarrería, los regalos y la riqueza de los vecinos de Valdivia, dice Rosales, fue al igual de los tesoros de sus minas”. El impacto económico en Valdivia, tanto por el rubro del oro, el comercio, o la producción de la ciudad del Siglo XVI, hace acrecentar las fortunas particulares, reflejadas en sus casas, en las iglesias y demás edificios, todo “fue causa que se ennobleciese, como se ennobleció, por el dicho oro –de Madres de Dios- que se descubrió”, y que “ocurrió a la dicha ciudad e sus términos gran cantidad de soldados  e gente de guerra, e de tal manera, que los caminos e términos de dicha ciudad ansí se andaban e paseaban como los de ésta (Santiago)”.
El Corregidor Gaspar de la Barrera, en efecto, se refiere a las dos compañías aportadas por la ciudad y que están formados por soldados “muy lúcidos, todos con cadenas de oro al cuello, muchas galas y muchas vituallas que, como eran vecinos ricos y venían de tierra donde se sacaba mucho oro, era grande la ostentación que traían”; en otra ocasión, en el desbarate de un refuerzo, se pierden cien caballos, “sin las joyas y galas de los que allí venían ricamente pertrechados, que eran vecinos ricos de la ciudad de Valdivia”; la silla jineta de Antonio de Villarroel “tenía en el remate tres ricas esmeraldas”; Nieto de Gaete, legaría a sus indios 27.000 pesos de oro, distribuyendo 54.000 en otras obras del, país, “quedando un opulento residuo para su familia”

En 1991, Gerhard Greiner – en su Características y distribución de los Placeres Auríferos de Chile- define y describe geográficamente los lavaderos de oro Madre de Dios de la siguiente manera: “En el Valle Central, en el extremo Norte de la X Región –actual Región de Los Ríos-, entre la Carretera Panamericana y los lagos Calafquén y Panguipulli de Oeste a Este, se encuentran los inmensos depósitos morrénicos y glacio-fluviales de Madre de Dios (fig. 3), que en conjunto, sin duda, constituyen el lavadero más grande del país. Estos depósitos compuestos casi exclusivamente de clastos de esquistos micáceos y cuarzo lechoso, son producto de la acumulación frontal, lateral y basal de una glaciación cuaternaria, que avanzó de Sur-Este o Norte-Oeste y produjo la barrera de salida de los lagos mencionados”. En San José de la Mariquina- Máfil se menciona los lavaderos de Pumillahue-Madre de Dios y Pureo-Chacayal-Lingue. . La historiadora Marcia Fierro, -en su obra Máfil en la historia y la memoria- afirma “que las minas Madre de Dios operaron en un principio en forma artesanal, pero fue a comienzos del siglo XX cuando una compañía aurífera se instaló en el lugar y construyó dos grandes canales, con el fin de obtener la mayor cantidad de mineral posible. En Madre de Dios además se instaló un poblado donde se emplazaron precariamente mil 200 pirquineros”. Actualmente, el oro de Madre de Dios y Pumillahue no es extraído de mineralizaciones en roca, como lo son las vetas de oro sino de placeres. Los placeres son depósitos sedimentarios de aluvión poco compactos como arena, grava. Limo o arcilla sobre los lechos de los cursos fluviales, pueden ser graveras fósiles de ríos actuales o desaparecido.

Fuente:
* Continuación de la Historia General de España. Tomo VII. Compuesta, emendada y añadida por L. Juan de Mariana. Imprenta de los Hijos de Doña Catalina Piñuela, Madrid 1828
* Historia de la Minería del Oro en Chile. Augusto Millán U. Editorial Universitaria, 2001
* Historia de Chillán. Sus Fundaciones y Destrucciones 1580-1835. Reinaldo Muñoz Olave
* Crónica del Reino de Chile de Pedro Mariño de Lobera. Padre Bartolomé de Escobar
* Julio César Avendaño. Recopilación Personal. http://historiadevaldivia-chile.blogspot.com
* Historia de Chile desde su descubrimiento hasta el año 1575. Alonso de Góngora Marmolejo
* Nueva Historia de Valdivia. P. Gabriel Guarda, OSB. Ediciones Universidad Católica de Chile, 2001
* Biblioteca Virtual Cervantes. http://bib.cervantesvirtual.com
* Características y distribución de los Placeres Auríferos de Chile. Gerhard Greiner A. Gisements Alluviaux d’or, La Paz, 1991
* Reportaje: Minería artesanal en la Región de Los Ríos. Diario Austral de Los Ríos, 12/09/2010. http://www.australdelosrios.cl.