http://historiadevaldivia-chile.blogspot.com/ historiadevaldivia.chile@gmail.com HISTORIA DE VALDIVIA - CHILE: TERREMOTO & MAREMOTO 1960

TERREMOTO & MAREMOTO 1960

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El cuarto y el más violento de los Terremotos con epicentro en Valdivia -desde 1575-, ocurrió el soleado domingo 22 Mayo de 1960 a las 15:11 horas; con una Magnitud de 9.5 Richter y una Intensidad de XI-XII Mercalli (Epicentro: 39º50'0" S, 74º50'0" W. Su Hipocentro estuvo ubicado a 60 Kms. de profundidad). La duración fue de 5 minutos aproximadamente. Sin embargo, la tierra siguió vibrando durante 10 minutos como si fuera un Diapasón sobre su eje. Este Mega Sismo, provocó una sucesión de 37 eventos telúricos con características de Terremotos cuyos epicentros se extendieron a lo largo de 1.350 km. y abarcó una superficie de 400.000 km² en Chile -entre Talca y Chiloé. En la Bahía del Puerto de Corral produjo un Maremoto de 3 olas (8, 10 y 20 metros respectivamente). La energía liberada por el Mega Terremoto de Valdivia fue equivalente al 30% de la energía acumulada en 100 años en la tierra (22 millones de bombas atómicas). Cercano al 90% de la Ciudad de Valdivia fue destruida y quedó totalmente incomunicada 3 días con el resto del  mundo -sin radioemisoras, ni teléfonos, ni telégrafos-, hasta las 00:35 hrs. del miércoles 25 de mayo, cuando la mancomunidad de las radiodifusoras valdivianas (Radio Sur; Camilo Henríquez y Baquedano) emiten sus ondas radiales al aire libre desde la Isla Teja soportando el fuerte viento, a oscura y bajo las réplicas; dando cuenta de la magnitud de la catastrofe a todo el pais. Cerca de 4 meses estuvo sin conectividad terrestre con el resto de Chile (...) La tierra bajó más de 2 metros. 
El Terremoto de Valdivia, destaca por ser el más grande jamás registrado por un instrumento sismológico. Aproximadamente 5.500 personas murieron entre Chile, Japón, Hawaii, California y Australia.
En 1960, la Ciudad de Valdivia tenía una población cercana a 80.000 habitantes, era muy industrializada – la más importante del Sur de Chile- y Corral era un puerto que lideraba el cabotaje nacional después del de Valparaíso.
La gran magnitud e intensidad fueron tan violentas –desde Talca a Chiloé- que en la precordillera de Valdivia, provocó un derrumbe en el Desagüe del Lago Riñihue, allí donde emerge el río Calle Calle. Fueron tres tapones de montaña que impedía el normal flujo de las aguas del lago –depositario del Panguipulli, Calafquén, Neltume, Pellaifa, Pirehueico y Pullinque. Sin duda, lo más terrible del Gran Terremoto de Valdivia, estaba por venir. La constante amenaza de desaparición de la ciudad bajo las aguas del Riñihue, obliga a la autoridad a ejecutar un plan de evacuación masiva de todas las mujeres, abuelos y los niños de Valdivia. Esta emergencia y angustia es conocida como el Riñihuazo. Miles de compatriotas sin distingos de credos ni razas, trabajaron en la desembocadura del lago -las 24 horas durante un mes, bajo las inclemencia del crudo invierno y, a pura pala, picota y dinamita- para evitar la inminente tragedia de Valdivia.

LA EPOPEYA DEL RIÑIHUE, 1960 (LUIS HERNADEZ PARKER)
…”Cuando la pavorosa pesadilla del terremoto haya pasado, se escribirá la epopeya del Riñihue: lo que hizo el hombre, ayudado por la máquina y por la técnica, para impedir la destrucción de una zona de cien mil habitantes, por la acción de las aguas de un lago, que quedaron aprisionadas y que quisieron recuperar su libertad con furia y fuerza homicida y devastadora…. Se ha denominado "epopeya" a esta hermosa y admirable gesta realizada por un grupo de gente de la más diversa condición: obreros, militares, profesionales, campesinos, etc., quienes, unidos por una amenaza común provocada por la acumulación de agua de la desembocadura del Lago Riñihue debido a los deslizamientos de cerros por el terremoto, veían con espanto la inminente tragedia que se originaría en los pueblos río San Pedro abajo, de ceder repentinamente estas accidentales represas naturales - como era inevitable - y no trepidaron en desafiar la desgracia en un operativo hasta hoy asombroso, trabajando contra el tiempo y las malas condiciones climáticas hasta lograr su objetivo…
La primera vez que Pierre Lehman, de la CORFO, y Reinaldo Haernecker, de ENDESA, conocieron las proporciones que tomaría la erupción acuática, se quedaron helados. El Riñihue es un lago goloso que se alimenta de otros inmensos lagos de esa vasta hoya hidrográfica que ni siquiera respeta la frontera con Argentina, pues le quita aguas también al lago Lácar. Cuando su nivel aumenta en un metro, significa que tiene 200 millones de metros cúbicos más; los que debe vaciar en el San Pedro y Calle-Calle, y de allí al río Valdivia. Como el tercer cerro tiene una altura de 24 metros, significa que 4.800 millones de metros cúbicos pasarían en una horripilante avalancha hacia el mar, arrastrando inmensos árboles, puentes de Malihue y Antilhue, y los dos puentes de Valdivia.
Todo esto descendería como una tromba levantando en vilo las casas, aserraderos, haciendas e industrias que bordean estos ríos y la casi totalidad del radio urbano quedaría anegado y en parte llevado al mar. Esta vez fue explicable el discreto silencio sobre las consecuencias de un rebase de cuatro mil 800 millones de metros cúbicos. Habría sido enloquecer a una población que ya probó amargos frutos de un terremoto y de un maremoto y que vibra al escape de los temblores, con casas destruidas, sin agua, luz, ni servicios de alcantarillado. Porque esa es la vida del valdiviano y de la cual no escapan ni los pasajeros del hotel Pedro de Valdivia ni los oficiales del regimiento "Caupolicán"…el SISMO igualó las clases sociales…”¹


TESTIMONIO DEL PADRE DESCHAMPS
Padre Alejandro Deschamps Droulans (Nace 16 Abril 1914 en Bélgica. Fallece en Valdivia 3 Marzo 2004, después de estar postrado en cama durante dos años, como consecuencia de un accidente vascular). El Padre Deschamps, fue un misionero humilde y bueno; amante de la bicicleta y caminante. Desde su arribo a Valdivia a finales de la década de 1950, siempre se comprometió a trabajar de la mano con los más humildes –desde Corral a Valdivia-, no importando si eran obreros, pescadores o simples pobladores de nuestra ciudad (en Amargos, Corral, es el impulsor -desde 1960, antes de Mayo- de la Cooperativa de Pescadores de Valdivia Ltda. (1961-1984). El Padre Deschamps, fue un testigo privilegiado –directo- del impacto del Maremoto del 22 de Mayo de 1960, en Corral. Su valioso testimonio, hoy, nos ayuda a dimensionar en parte el drama social y humano, tras el embate natural de 1960. En Valdivia, el Padre Deschamps, trabaja con las comunidades de los campamentos (surgidos post terremoto), atendiendo sus urgencias y necesidades, lo hizo en los campamentos Chorrillos y el Roble (los apoya y los guía hasta ser erradicados a sus nuevas viviendas); en las Poblaciones. Los Jazmines e Inés de Suárez. En esta última, fue Párroco -y creador- de la Parroquia San Pío X (y co fundador de la Parroquia San Juan y Pedro, Población Yánez Zavala -desde 1987- concretada en Enero 2000. También ejerce su ministerio en la Capilla San Antonio de Padua, Niebla). Crea el primer comedor abierto en la Población Inés de Suárez.

El Padre Alejandro Deschamps, se encontraba ese domingo 22 de Mayo en la zona de Corral.
Un poco antes de las 15:00 horas, el Padre seguido de sus acompañantes se embarcan desde Niebla rumbo a Corral, cruzando la desembocadura del Río Valdivia. Al poco tiempo de iniciar su viaje empezó a moverse la tierra y vieron en el mar manchas oscuras como si fueran Ballenas, era la arena del fondo agitándose y subiendo hacia la superficie.

LA PRIMERA OLA
Llegó a su destino a las 15:25 hrs, media hora después de comenzado el terremoto.
En el muelle el agua había cubierto todo y mientras el grupo corría hacia las escalinatas para guarecerse en la parte alta, en cuestión de segundos, el agua había alcanzado casi 2 metros sobre el nivel del muelle, esta subida de agua era el primer golpe suave del Maremoto. "Durante 5 minutos el agua se quedó quieta, 4 ó 5 metros arriba de su nivel normal. Había tres navíos en el puerto: el Santiago, el San Carlos y el Canelos. Los tres rompieron sus amarras; el Santiago, de 3.000 toneladas, cruzó por encima del rompeolas de concreto y los tres fueron arrastrados a la deriva. A las 16:10 hrs. el mar comenzó a retirarse a toda velocidad, con un ruido impresionante, como de succión metálica sobre una rugiente catarata. Como si fuese una nebulosa, un banco de arena que normalmente se encontraba a tres metros de profundidad, emergió del río. La gente gritó: "¡Estamos perdidos: un volcán!". No se sabía qué pasaba, si el mar se retiraba o la tierra se levantaba...
LA SEGUNA OLA
Llega unos 20 minutos después, a las 16.20 hrs.
Con una altura de 8 metros y a la espantosa velocidad de 150 ó 200 Km. Por hora. A su estrépito formidable se mezclaban los gritos de las mujeres, ya que la mayoría de los hombres, desde la retirada de las aguas, había descendido para intentar salvar, en esa maldición de cataclismo caído sobre su miseria cotidiana, los objetos aún recuperables. La ola como una mano gigantesca que arrugara una hoja de papel trituraba las casas una tras otra, en medio de un gigantesco crepitar de maderos rotos. En 20 segundos apiñó al pie de la colina un montón de ochocientas casas aplastadas como cajas de fósforos. Al momento de comenzar el terremoto, algunos pescadores, arrastrando a sus mujeres y niños, saltaron a sus barcas y huyeron. Desde lo alto del cerro se vio flotar a esas canoas sobre la ola "suave", después de ser arrastradas por el reflujo encolerizado, y finalmente tragadas en un instante, sin dejar huella, por la muralla líquida que avanzaba hacia tierra... El mar permaneció alto durante 10 ó 15 minutos. A continuación se retiró con el mismo ruido de succión monstruosa.

LA TERCERA OLA
"Era más alta que la precedente, 10 u 11 metros, pero la velocidad no parecía rebasar los 100 Km. por hora. Tras reventar contra el montón de madera acumulado por la segunda ola, el mar permaneció quieto poco más de un cuarto de hora, antes de retirarse, siempre con el mismo espantoso ruido metálico de succión... Los tres barcos habían sido arrastrados como si fueran fetos. El San Carlos se hundió casi de inmediato. El Santiago zozobró a los tres días en alta mar. El Canelos, primero a una media milla, lejos de Corral, tras la segunda retirada del mar; después, a 1.500 metros río arriba de la desembocadura, adonde la tercera ola lo transportó a una velocidad aterradora".²

“A cincuenta años del gran incendio de Valdivia, ocurre la segunda catástrofe del siglo: el 21 de mayo de 1960 se había producido un terremoto en Concepción, Chillán, Angol y Los Ángeles; al día siguiente, domingo, vacías las fabricas y los colegios, después de un fuerte temblor registrado a las tres de tarde, que puso en estado de alarma a la población, a las 15:10 el movimiento se renovó con violencia y duración inusitadas: en circunstancias que su medición se hace por segundos, aquí se prolongó durante cinco minutos, con caracteres de verdadero cataclismo, alcanzando grado 9,5 en la escala de Richter; abarcando mil Km. De norte a sur- trece provincias desde Arauco a Chiloé – será considerado el de mayor intensidad registrada en el mundo, entrando al día siguiente en actividad ocho volcanes, y uno nuevo, en Riñinahue, con columnas de humo de 2.000 pies de altura. Mientras hacían eclosión los edificios de estructura mixta de hormigón y perfiles de hierro, levantados en la década de 1910, todos los rellenos hechos desde hacía un siglo en los sectores bajos, recobraron su conformación original, destruyendo las construcciones levantadas sobre ellos; simultáneamente la avenida costanera se deslizaba sobre el río, sumergiéndose entre uno y medio y dos metros; en un instante se rompieron las redes de agua potable y alcantarillado, dejando expuesta a la población a graves riesgos de salud. No son para descritas las escenas de pánico ante semejante cuadro, agravado por reiteradas réplicas: en los veinte primeros días se registraron 90, de ellas 28 con caracteres de terremoto. En el hospital regional, de ocho pisos construido en 1938, se destruyeron los cuatro últimos, debiendo evacuarse integro, enfermos de gravedad incluidos, sin poder contarse con los más elementales auxilios; los terraplenes de los puentes también cedieron, cortando el tránsito de vehículos y aislando la ciudad de los sectores de la Isla Teja y Las Ánimas, mientras en muchas calles se levantaban paños de pavimento, obstruido además por escombros, postes de alumbrado y tendidos eléctricos. En medio de la gravedad, el día festivo, el buen tiempo, el temblor precedente y la hora, impidieron que la catástrofe fuese mayor, facilitando el resto del día adoptar las medidas que permitían los medios disponibles. Pero lo descrito no fue más que el primer acto del drama, que contaría con otros dos, igualmente aterradores. En efecto, en el puerto, diez minutos después del terremoto, el nivel del mar comenzó a bajar a razón de un metro cada dos minutos: poco después, a las 15:25, comenzó a llenar, formándose diversas corrientes que arrastraron a todas las embarcaciones; lo primero que se perdió fue el muelle de una conservera, en Punta Laurel; poco después el agua sobrepasaba el muelle de pasajeros, arrancando las casas entre Corral y Amargos y las de Corral Bajo, en esta primera onda el agua subió entre 3 y 5 metros sobre el nivel normal.
A las 15:50 comenzó a bajar, lentamente primero, rápidamente después, generando playas de más de 30 metros, arrastrando mar afuera muchas casas y todos los barcos; a las 16:25 entró en la bahía una enorme masa de agua descrita como ‘un gran oleaje con fuerza envolvente que destruyó todo lo que encontró a su paso, como muelles, edificaciones de concreto y madera e instalaciones de armaduras de fierro, como la subestación de la Compañía de Electricidad y la Usina de los Altos Hornos’, estimada entre 8.50 y 10 metros de altura, esta ola se repitió una tercera vez, con su respectivo reflujo, como los anteriores, de 15 a 20 nudos de velocidad, acabando con el resto de Corral Bajo, parte de Corral Alto, La Aguada y Amargos.
Arrastrados y golpeados contra los requeríos, se pudo observar a continuación un fenómeno sorprendente: mientras el mar se retiraba, ‘daba la impresión que el agua proveniente del interior de la bahía y del río cayeran a una hendidura de unos 6 a 8 metros de profundidad y de unos 10 metros de ancho, emergiendo en forma turbulenta al otro lado, para continuar luego hacía fuera’; dos remolcadores fueron arrastrados hacia allí, uno de ellos, el Pacífico, cayó de costado dentro de aquel abismo sufriendo una doble vuelta de campana antes de desaparecer; el otro llamado Puma, fue arrastrado en la misma dirección, pero su patrón con más presencia de ánimo, o disponiendo de mejores máquinas , logró dominarlo lanzándose a máxima velocidad en dirección a la hendidura, hasta cruzarla, no obstante esta escapada, se encontró a continuación a la tercera ola, que lo aventó hacia el interior de la bahía donde, aprovechando las corrientes, pudo salvarse en el río Tornagaleones.
De los mercantes, el Carlos Haverbeck, arrastrado primero a Mancera, perdió sus anclas y después de muchos lances que sería prolijo relatar, vencido por las corrientes, siguió una carrera vertiginosa hacia fuera, perdido todo control, hasta varar, escorado y con graves daños, en el banco Tres Hermanas, donde finalmente se perdió; casi toda la tripulación salvó en medio de indecibles aventuras.
El Canelos, de 5.000 toneladas, como el anterior de Haverbeck y Skalweit, dispuesto a zarpar en la noche con su carga completa y víveres para cuarenta días, había alistado sus máquinas después del terremoto y hecho bajar a todos los estibadores; soportó bien la llenante de la primera ola, pero al producirse la vaciante fue arrastrado hacia fuera con sus anclas, “garreando”,; aunque muy escorado, resistió lo mejor que pudo la segunda ola, pero impelido por las corrientes en la vaciante quedó en seco, mientras su capitán observaba en el horizonte, con estupor, cómo venía reventando a gran velocidad la tercera ola, apreciada en una altura de 8 a 9 metros: ésta levantó el buque, escorándolo en más de 45°, dejando la cubierta sembrada de peces y arena, lo arrastró a una velocidad de 15 a 20 nudos al interior de la bahía, arrimado a la costa de Niebla: allí paso por encima de los requeríos del lugar, que le rompieron el casco, hasta varar en el banco Simón Rey, desde donde nuevamente fue levantado, introduciéndolo las corrientes por sobre los espigones, milla y media al interior del río Valdivia, donde finalmente se perdió con toda su carga.
El Santiago, estaba atracado en el muelle francés en el momento del terremoto, donde fue colisionado por el Carlos Haverbeck en la primera vaciante: al desmoronarse el muelle cortó las espías, pero pudo resistir airosamente la primera y la segunda ola, logrando salir afuera con la resaca de la tercera ola, a gran velocidad, en una especie de canal abierto junto al costado sur poniente de la bahía: después fue impulsado al interior de la Ensenada de San Juan, logrando finalmente hacerse mar afuera, para perderse en la Isla Mocha.
Durante estos movimientos , los testigos oculares vieron cómo estos tres barcos de gran tamaño , en su descontrolada carrera chocaban con rocas, muelles y edificios, cuyos moradores se habían puesto a salvo en los cerros, sus tripulaciones, como las de remolcadores y faluchos – se perdieron la lancha Prat y los remolcadores Obrecht de Obras Públicas, y Chinchorro, de Prochelle-, salvaron la vida aprovechando ocasiones que duraban menos de un minuto; hubo de lamentarse varias pérdidas de vidas, pero tampoco no todas las que un cataclismo de aquella magnitud hubiera cobrado en otras circunstancias; el maremoto reeditó en todos sus detalles el de 1575 y a los dos días siguientes hizo estragos en Japón y las Islas Filipinas, donde cobró 60 y 70 muertos respectivamente.
El tercer capitulo de esta catástrofe lo protagonizó el derrumbe de tres cerros en desagüe del lago Riñihue, que a su turno lo es de otros seis, Lacar, Pirehueico, Neltume, Panguipulli, Calafquén y Pellaifa; los tres tacos interpuestos en el curso del río San Pedro, de 16.70, 18.70 y 24 metros respectivamente, significaron un aumento progresivo del nivel de las aguas del lago Riñihue a razón de un metro cada tres días, hasta llegar a una masa de de 3.500 millones de metros cúbicos ; la represa así formada fue objeto de un operativo dirigido por técnicos de Endesa, Obras Públicas y CORFO, con más de 400 hombres y decenas de tractores y otras maquinarias. Consistió en abrir un canal artificial de dos kilómetros destinado a provocar una vaciante regular de la enorme masa de agua acumulada , evitando un peligro de una avalancha descontrolada sobre el cajón del río San Pedro, la cuenca del Calle Calle, del Valdivia y, desde luego, sobre todas las poblaciones situadas en sus orillas, incluida la ciudad. La maniobra, técnicamente perfecta, fue dirigida hábilmente por los ingenieros Pierre Lehmann, vicepresidente de CORFO, Raúl Saénz y Reinaldo Harnecker, gerente general de Endesa, constituyó un alarde de ingenio, culminando exitosamente e medio de la expectación universal.
A los dos meses del terremoto, el nivel del lago Riñihue había subido 26.40 metros sobre su cota normal, aumentando su capacidad en 2.400 millones de metros cúbicos; toda la cuenca del río, en un operativo cívico militar modelo, animales incluidos, había sido evacuada- hasta el 20 de julio, 20.159 personas-; despojadas de puertas y ventanas, las construcciones fueron ancladas con cuerdas y estacas, y las plantas industriales, a fin de impedir su inundación, cercadas con sacos de arena; en todo el recorrido estaciones de socorro permanecieron alertas en previsión del menor accidente.
Así las cosas, en la noche del 23 de julio comenzó el desagüe por medio de un estrecho canal que la misma corriente iba erosionando, haciendo aumentar paulatinamente el caudal; en la tarde del 24 aun pasaban menos de mil metros cúbicos por segundo, para alcanzar 24 horas después los 7.500; cumplidas treinta horas el taco había quedado completamente cortado. Aunque la inundación afectó amplias zonas del valle y los bajos de la ciudad, al cabo de un par de días las aguas recobraron sus niveles normales sin lamentarse ninguna destrucción mayor como, desde luego, ninguna pérdida de vidas humanas.
El terremoto destruyó 118.460 metros cuadrados de edificación – 826 edificios- , el 80 por ciento del centro administrativo y comercial, el 50 por ciento del sector residencial, descendiendo el suelo 1.5 m. de promedio; los daños en pavimento se estimaron en 800 millones, los de la red caminera del departamento, en 1.200, y los de la industria, en 6.000 millones; las pérdidas en terrenos agrícolas y vegas ascendieron a más de 11.000 Ha., calculándose en total sobre los 430 millones de dólares; 20.000 personas habían quedado sin hogar.
Durante los dos meses continuados que duró la emergencia la población demostró una entereza, hasta un humor, que llamo la atención a los cientos de periodistas , sismólogos, ingenieros, expertos y técnicos en las más diferentes especialidades, venidos de todas partes del mundo, junto con la generosa ayuda material en alimentos, ropa y medicina, transportada por medio de un ininterrumpido puente aéreo y una verdadera flota de barcos; mientras los aviones, con frecuencias de hasta 30 vuelos diarios traían su carga al aeropuerto Las Marías y otras pistas de aterrizaje en los alrededores, en el puerto los cruceros O’Higgins y Prat, los transportes Pinto y Angamos, la fragata Iquique y Piloto Pardo, los destructores Serrano y Orella, las corbetas Casma y Chipana y la barcaza Izaza, todos de la armada nacional, el destructor Castilla, de la del Perú, el transporte Bahía Buen Suceso, de la armada argentina, y la barcaza Tarqui, de Ecuador, y más de 10 mercantes, en total 24 barcos, junto con traer la suya, de retorno evacuaban miles de habitantes, especialmente niños, a la zona central.
La cooperación internacional marcó con un emocionante gesto de solidaridad la angustia vivida durante aquellos meses; sobresalió la generosidad de Estados Unidos y Alemania, y en la ciudad, de cada uno de los habitantes: obreros y empresarios, soldados y bomberos, Cruz Roja, scouts, miles de héroes anónimos. ‘Que en esas condiciones los valdivianos insistan en trabajar – escribía un corresponsal doce días después del terremoto-, que remuevan escombros y proyecten nuevas edificaciones; que circule la movilización colectiva y las tiendas trabajen normalmente; que la gente se aferre a sus hogares y ocupaciones habituales, y la Universidad Austral anuncie la reanudación de sus clases, es un verdadero milagro, una demostración del vigor de esta mezcla de germano, español y araucano que constituye el valdiviano. Los boletines oficiales no pueden reflejarlo. Es necesario verlo para apreciarlo en todo su valor”³

Sin embargo, Valdivia, se levanta de los escombros: “Bajo el puente y caminado hacia la Aduana, otra imagen de la costanera destruida entre tanto dolor y desastre, la epopeya del "Riñihuaso" levantó los ánimos de los valdivianos. Raúl Basso, presidente del Comité Valdivia Nueva Región, señala que se creó la ley de la reconstrucción que liberaba porcentaje del impuesto a la renta a todas las industrias que se establecieron fuera de la provincia de Santiago."Si bien el 80% de la industria estaba en el suelo, durante el gobierno de Alessandri y después con Eduardo Frei se construyó, aunque no como estaban en el terremoto, la industria Hoffmann, en Las Animas a Weiss, la Formio, se amplió Emasil e Infodema, se reconstruyó Kunstmann y la Papelera", señaló Basso; asimismo destaca la recuperación de Valdivia como "extraordinaria" y apunta que "en 1967, de acuerdo a un informe que entregó la Sofofa, Valdivia ocupaba el quinto lugar de las ciudades industriales del país y después de haber estado en el suelo". Era como estar lleno de orgullo. Basso agregó que después de vivir de la caridad en los primeros cuatro años de la década del '60, Valdivia ya tributaba más del 40 por ciento de lo que estaban tributando todo el resto de las provincias. Donde sí hubo retrasos fue con el Hospital, donde según Basso se entrampó en algo político, mientras que con la Catedral hubo una inercia hasta que asumió el obispo Alejandro Jiménez y escogió a un grupo de valdivianos, para que le ayudaran a levantar el templo (...)"
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Fuente:
* Valdivia se levanta de los escombros. Diario Austral de Valdivia, 22/05/2005
* Julio César Avendaño. Recopilación Personal. http://historiadevaldivia-chile.blogspot.com
* Terremoto de Valdivia 1960. http://www.septimavaldivia.cl
¹La Epopeya del Riñihue, 1960. Luis Hernández Parker, Periodista y Corresponsal. Revista Ercilla
² Diario Digital, El Futrono.cl 18/05/10
³ Nueva Historia de Valdivia. P. Gabriel Guarda, OSB. Ediciones Universidad Católica de Chile, 2001