VALDIVIA, CAPITAL CULTURAL DE AMERICA 2016/THE INTERNATIONAL BUREAU OF CULTURAL CAPITALS -MARTES 10 JUNIO 2014 historiadevaldivia.chile@gmail.com HISTORIA DE VALDIVIA - CHILE: IGLESIA DE VALDIVIA 1

IGLESIA DE VALDIVIA 1

HISTORIA DE LA IGLESIA DE VALDIVIA
SIGLO XVI
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La historia de la iglesia de Valdivia, comienza con la primera eucaristía del 6 de Enero de 1552, celebrada en la Epifanía, alta misión espiritual establecida por los Reyes Católicos como única justificación de la posesión de las Indias; la hueste había arribado en la víspera; siendo oficiantes los presbíteros Rodrigo González Marmolejo –desde 1561 Obispo de Santiago- y Luis Bonifacio, chantre de la Catedral de Chiapas, Nueva España; además de los mercedarios: Juan de Benavente y Antonio de Olmedo. La celebración solemne ocurre el 9 de Febrero de 1552 –Fundación de Valdivia-, en el sitio de la Iglesia Mayor; el curato, con título de archiprestazgo o vicaría foránea, es asumido canónicamente por Bonifacio el 1º de Abril de 1552 hasta 1558; con una prebenda de 1.000 pesos oro de renta, es servida por sacerdotes de mérito –al menos 25 -, entre los cuales, se cuenta: Luis Bonifacio, los canónigos Fabián Ruiz de Aguilar, Hernán Ortiz de Zúñiga y Francisco de Paredes, Agustín de Cisneros –segundo Obispo de la Imperial-, y Alonso de Aguilera, su  Gobernador.

La iglesia de Valdivia, primero depende del Arzobispado de Charcas y desde 1561 del de Santiago, a partir de 1563 lo es del recién creado de La Imperial. siete años después, según carta del Obispo de Santiago al Rey, el primer Obispo de La Imperial,  Fray Antonio de San Miguel, gestiona el traslado de su sede a Valdivia, y aunque canónicamente el cambio no se concretó, en 1592 el segundo Obispo, Cisneros, traslada de hecho su residencia a Valdivia.

El curato le compete la atención de los españoles –abarca a los mestizos adscritos-, además de las predicaciones, son frecuentes las amonestaciones de carácter moral; consta que en la cuaresma de 1581, el dominico Pedro Beltrán arenga al campo del Mariscal Ruiz de Gamboa-logrando introducir “alguna reforma (…), ayudado por el Gobernador para extirpar las ocasiones de los vicios y solución de muchos que vivían desenfrenadamente”.
En 1561 –bajo la dependencia de Charcas-, la vicaría es visitada por, Francisco de Paredes –Vicario General-; y luego dependiente de Santiago, por el chantre Fabián Ruiz de Aguilar; finalmente lo es por el Obispo de la sede austral, San Miguel, en 1573 y 1577, y Cisneros, en 1592.

IGLESIA MAYOR
Es el principal templo de Valdivia, titulada Santa María la Blanca, o Nuestra Señora de las Nieves, o Santa María la Mayor. El plano la señala en un solar aislado, rodeado de cuatro calles y sendas plazas al Norte y al Sur; corresponde hoy a la mitad Norte de la Plaza (el sitio quedó en evidencia en Enero de 1907, cuando al efectuarse excavaciones en la Plaza de la República se encontraron esqueletos humanos: “es de presumir –se afirma en La Libertad, Nº 2.922- que lo que ahora es Plaza haya formado parte de algún cementerio en tiempo de los españoles”); tenía un largo 62.½ varas, con muros de piedra y cubierta de madera, según Diego de Rosales, “aunque la techumbre la consumió el fuego, las paredes se conservaron enteras por ser de piedras de lajas que con el  barro se aprietan y unen de su suerte que jamás se deshacen, ni los temporales las derriban”.
En ella tuvieron enterramiento los siguientes vecinos principales de Valdivia: Diego Nieto de Gaete y su esposa, doña Leonor Cervantes; Pedro y Cosme Gutiérrez de Altamirano; y Miguel Alonso, dotados con censos y capillanías; los primeros habían donado para su altar cálices, hostiarios, candelabros, vinajeras de plata y casullas de terciopelo y damasco; Pedro Fernández Perín, regaló una campana que costó 325 pesos en 1556, y cierto ornamento “con que se celebran los oficios divinos en la ciudad de Valdivia”, vendido al año siguiente en 500 pesos de buen oro. Antes de 1558 fue mayordomo de la fábrica de Francisco Pérez de Valenzuela y fiscal eclesiástico, en 1565, Luis Pérez; dotada de sacristán, durante unos años ejerció este cargo Martín Hernández. El plano holandés designa el templo como “Iglesia Mayor o Gran Iglesia”.

CONVENTO SAN FRANCISCO
Este convento se estableció junto al río; lo intenta fundar en Febrero de 1554 el P. Martín de Róbleda, Comisario Provincial, impedido por el desastre de Marihueñu. Sin embargo, la fundación definitiva la verifica en Marzo de 1560, titulándolo de Nuestra Señora de Los Remedios; en el momento de la destrucción cuenta con 7 religiosos, siendo su Síndico Nicolás Gris, en 1575; se afirma que los navíos llegaban a su huerta; el terremoto de 1575 lo asoló sin dejar piedra sobre piedra, motivando su traslado a su sede definitiva, trámite efectuado por el padre Diego Díaz. En el plano holandés de 1643, lo señala con letra D, con la leyenda, “El claustro de San Francisco”, sin mencionar la iglesia, situándolo entre las actuales calles Pérez Rosales y Lautaro y otras dos perpendiculares, hoy cegadas, frente a la plaza de San Francisco; como por un juicio incoado en el Siglo XVIII sabemos que sus muros estaban junto a la actual calle Yungay, y como la crónica de la destrucción de 1599 lo describe inmediato al río, la indicación del plano produce cierto desconcierto; acaso ello se concilie con la gran extensión del conjunto, con lo que la iglesia y claustro pudieran ocupar dos o tres solares en el lugar del único que indica el dibujo. Se conserva un plano de 1718 en el que se indica que los muros, en etapa de reconstrucción, sobre los mismos cimientos, están en el solar correspondiente, hoy a Yungay hacia la esquina con Yerbas Buenas. En los relatos de la destrucción se dice que, por estar próximo al río, los refugiados en el convento pudieron ser embarcados sin mayor dificultad, a mayor abundancia, en un testimonio otorgado en Noviembre de 1646 por Andrés López de Gamboa, antiguo vecino, se afirma que el fuerte de la Trinidad, del que se hablará, “se fundó junto al río de Valdivia (…) en frente de de donde solía ser el convento de San Francisco”; en fin, diversos planos del Siglo XVIII lo señalan en ese sitio. Por la carta de dote de doña Francisca Bravo y Arce, otorgada en Santiago, VI 1601, sabemos que el solar que hereda de su abuela en Valdivia estaba junto a este convento.
Se trataba de una gran construcción –tanto en templo, como el convento-; allí se celebra el Capítulo Provincial de 1576, bajo la presidencia del Comisario General, Jerónimo de Villacarrillo; entre otras familias principales, tiene allí capilla, el capitán Pedro de Sotomayor y su esposa, doña Bernarda de Torres, según se estipula en su testamento otorgado en 1591; en 1599 es fortificado “por tener las paredes levantadas”, contando con cementerio y seis hermosos laureles subsistentes hasta 1646.
La iglesia disfruta, del privilegio de sagrado, refugiándose en ella, en 1567, el Fiscal Real, Alonso de Vargas; es objeto de diversos legados y fundaciones pías, como la hecha por Jorge de Rodas, en 1560, ascendente a 700 pesos de buen oro, o cierta capillanía aceptada en Diciembre 1566 por el comisario P. Torrealba.

CONVENTO LA MERCED
Debió ser el templo religiosa más antiguo de Valdivia, fundada por el P. Antonio de Olmedo, fallecido allí en 1555, en la práctica se formaliza en 1575. Ubicada junto al Calle Calle, sector no comprendido en el plano holandés de 1643, su ubicación la representa el plano ordenado por el Presidente Amat hacia 1750. El P. Diego de Rosales la ubica al costado opuesto de los franciscanos, con que “los dos conventos, como dos brazos, sustentaban la ciudad y la abrazaban, formándola con su santa doctrina y ardiente celo y dándose el uno al otro la mano para segar las mieses de la gentilidad”. De sus ruinas se desprende que era uno de los más grandes de la orden, y del relato del martirio del P. Luis de la Peña, que el claustro era de dos plantas; como los demás de las siete ciudades, se describe como “caudaloso y de sinuosa fábrica –con- mucho ornamentos, cálices de plata, custodias y lámparas de gran precio y valor”, confirmando el cáliz llamado “del milagro” la calidad de los objetos para el servicio del altar. Sus ruinas subsisten hasta el Siglo XIX, testimoniándolo Eusebio Lillo, que las reconoció en 1851: “al Oriente de la población y a orillas del río se levantan hoy pequeñas colinas formadas por los escombros de un templo de la Merced; a juzgar por los restos aquel edificio debió ser de gran magnitud. En esas ruinas cubiertas de hierba –agrega- arraigan multitud de manzanos y una que otra miserable habitación ha venido a ocupar el sitio del antiguo templo”. Los vestigios se conservaron hasta principio del Siglo XX, sirviendo de cimiento a la bodega de Ignacio Miguel Conteras, en calle Carlos Anwandter, Nº 624.
Dentro de las pérdidas del convento mercedario en la destrucción de Valdivia del miércoles 24 de Noviembre de 1599, se destaca el afamado “cáliz del milagro”; siguiendo los testimonios de Fray Juan Falcón, P. Diego de Rosales y Diego Arias de Saavedra.
El testimonio de Fray Juan Falcón está contenido en la respuesta dada en el interrogatorio a que es sometido después de su cautiverio. “Luego que se asoló la ciudad de Valdivia, afirma, habiéndose vestido dos indios ladinos (…) las dichas vestiduras sacerdotales y poniéndose como que querían decir misa, preparando los cálices para beber en ellos, fue fama pública que habían reventado por los ijares por permisión del Señor, con temor de los cual echaron por ahí los cálices y no han atrevido a beber más en ellos”.
La versión del Padre Rosales, sitúa la escena en el mismo día de la destrucción: el autor del sacrilegio “se vistió de sacerdote, y haciendo burla de las creencias sagradas dixo que él también era sacerdote (…) y empinando el cáliz, con grandes risadas bebió con él; pero no tardó el castigo del cielo, porque al punto se cayó muerto”; agrega que un cautivo español guardó el cáliz.
La narración a Guatureo, indio de la Imperial participante en la destrucción de Valdivia; vuelto a su casa, victorioso, organiza un regüetun (sic), y estando en lo mejor de la comida tomó el vaso –“un cáliz que trajo de Valdivia”-, apenas puso el cáliz consagrado en la boca pestífera y sedienta, dice, cuando por los ijares el cuitado, con no pequeña turbación revienta”. Según esta versión el cáliz fue echado a lo más profundo de las aguas del Cautín; otras fuentes incluirán nuevas variaciones; finalmente el precioso cáliz, por tener labradas las armas de la orden, fue identificado como perteneciente al Convento de la Merced de Valdivia, siendo restituido al de Santiago, donde se conserva.
Los mártires de la Merced, en el barrio Carmenga -actual Carlos Anwandter- durante la destrucción de Valdivia, lo relata Tirso de Molina, al respecto señala: "Era comendador de nuestro monasterio en ella -dice- el padre Fray Luis de la Peña, que levantándose desnudo y dado voces al estruendo de las armas, despertó a sus súbditos y bajando el solo a nuestra iglesia consumió el Santísimo. Apenas pues, le libró de las sacrilegías crueldades de los idólatras, cuando echando las puertas por el suelo, entró en ella un tropel desatinado que mató a lanzadas junto a las aras mismas al infeliz prelado, mártir valeroso, que pudiendo escapar huyendo, pospuso su vida al culto de su Dios sacramentado y en la custodia de su pecho, mereció llevarle al cielo por viático. Pegaron fuego a la devota iglesia -concluye- y el santo comendador, cenizas de sus llamas, dejó con ellas aquel sitio consagrado". Se han identificado algunos de los 17 frailes que se asegura poblaban este rico convento: fuera del comendador, los padres Francisco Velásquez, José y Andrés de las Heras, Alonso Hernández de Herrera, Pedro Sarmiento de Villacorta y Gonzalo de Alvarado.
Los mercedarios, en su martirologio, inscribieron a los padres Luis de la Peña, José de las Heras y Francisco Velásquez, atribuyéndose igual carácter al Prior de Santo Domino, Fray Pedro Pezoa.
A finales del Siglo XVI, contaba con 17 religiosos.

En 1650, actúan padres mercedarios, intentándose en 1717 refundar su antiguo convento; ello se encomienda al Comendador de Castro, asentándose en las actas del capítulo provincial que “porque en la ciudad del Dulce Nombre de Valdivia, en el alzamiento general de los indios de este Reino perdió esta provincia el convento que allí tenía fundado, cuyos vestigios y sitios se conservan hasta el presente, deseoso el Definitorio del aumento de esta Provincia”, acuerda se vea su erección; el proyecto no se concretará.

CONVENTO SANTO DOMINGO
Este convento se funda en virtud de un auto de la Audiencia, de 25 de Febrero de 1568, ejecutándola los padres Benito Jiménez y Luis Meléndez, y su erección canónica, Fray Reginaldo de Lizárraga –Vicario Provincial en 1581- reconociéndola el mismo año el capítulo de Lima. El costo de su edificación y dotación es asumida por partes iguales entre los vecinos, los naturales, y la Real Hacienda, para lo que ordenan los oficiales reales. Se han identificado 18 frailes activos en el convento de Valdivia; de ellos 11 –o 14-, en la destrucción de 1599, en que se dice estaba en “gran prosperidad”.
Aunque su sitio está incluido en plano holandés de 1643, no es mencionado. Vázquez de Espinosa, hablando del arribo de los navíos precisa que “surgían llegados a tierra entre el convento de San Francisco y Santo Domingo”; excavaciones hechas a fines del Siglo XIX y mediados del XX -1950-, al construirse el Hotel Pedro de Valdivia –revelaron vestigios y osamentas, correspondientes a enterramientos (el 2008, durante la construcción del nuevo hotel –donde estuvo el hotel Pedro de Valdivia-, se encuentran vestigios del templo dominico del Siglo XVI. Hoy están expuestas, vergonzosamente –con indeferencia- a la intemperie y visibles, al costado del nuevo hotel, por calle Yungay, antes de Janequeo. No obstante, en su momento, los propietario del hotel del casino, se habrían comprometido a conservarlos y entregar un estatus especial - o museo- para su conservación); los relatos de la destrucción de Valdivia, confirman su relación con el río, junto al cabezal Este del puente Pedro de Valdivia. La iglesia se construyó a partir de 1573, gracias a los esfuerzos del prior Pedro Pesoa (var. Pezoa), a quien se le atribuyen los planos; en una información levantada en 1607 se dirá que era “templo muy sumptuoso (y) los ornamentos de mucho precio y valor”; a tenor de la provisión fundacional, los cálices de plata, campanas y ornamentos habían sido donados por el Rey.
Los mártires dominicos durante la destrucción de Valdivia, destacan: Prior del convento, Fray Pedro Pezoa (var. Pesoa), su muerte se deba a la defensa de una doncella violentamente forzada; “de lo cual se irritó tanto el indio, que diciéndole muchos oprobios, y que como estando captivo se atrevía a hablar, le echó mano y le degolló; al tema de la castidad ofendida, se juntó así el de cruentas escenas de sangre, puesto que parte importante de estas fiestas constituían las matanzas, ejecutadas con la mayor crueldad; mandado por los principales caciques echar un bando ordenando matar a los cautivos, Fray Francisco de la Vega –por encarar la profanación de las sagradas imágenes fue muerto al instante. También, se suma las muertes de Leandro Pezoa, Alonso Cervantes, Diego de Obando y Sebastián Villalobos (todos sacerdotes dominicos).
Cuando los hermanos Valenzuela, fueron al rescate y socorro de los dominicos, “procuraron entrar al convento –refiere P. Diego de Rosales- y era tanta la multitud de los indios que había dentro, que no les fue posible entrar, y así les dijeron, que se encomendasen a Dios (…) con harto dolor de su corazón”; uno de los padres, Fray Pedro de Ortega, salió por la ventana del coro a los tejados y de allí a la calle, a ganar uno de los navíos; “pero no le valió la diligencia, que les salieron al ataxo unos indios y le recibieron en las lanzas, y le mataron”; los padres Felipe de las Heras, Alonso Cervantes, Diego de Ovando, Alonso Pérez de Valenzuela Verdugo, Leandro Pezoa, Diego de Santander, Leandro de Toro, Baltasar Verdugo, Sebastián de Villalobos, Francisco de la Vega, corrieron diversas suerte, mientras Juan Falcón de los Ángeles permanecería en cautiverio 14 años, Domingo Serrano sería posteriormente rescatado, y el Prior Pedro Pezoa, muerto –“martyr digno de ponerse en el catálogo de los muchos que esta sagrada religión tiene a sí en defensa de la fee, como de la caridad”

CONVENTO SAN AGUSTIN
Este convento fue el cuarto levantado en Chile, siendo su fundador Fray Juan de Vascones, a quien los vecinos habían obsequiado madera y ornamentos para el convento de Santiago. Su edificación se hace en 1596, constándose la visita canónica del año siguiente su marcha regular. El monarca dona el vino de misa y el aceite para la lámpara del Santísimo, piadoso servicio cuyo exacto cumplimiento consta por las cuentas de la Caja Real.
Se levantó en el solar medio donado por doña María Pardo, viuda del capitán Pedro Ordóñez Delgadillo, en Enero de 1597, libre de censos e hipotecas, precisándose que limita con las casas de Alonso Bustardo, el río, Alonso Gil y Alonso Bravo. Como por otro documento se sabe que la casa de Bravo, estaba próxima a San Francisco, la referencia lo sitúa con absoluta certeza, en el costado poniente de Yungay con Lautaro; a pesar de que llevaba pocos años al momento de la destrucción, tuvo una buena iglesia que Carvallo cita entre los demás “hermosos templos –aun quedan sus vestigios-, dice, ricamente adornados”; la orden registra hasta 1629.

PARROQUIA SAN ANTONIO DE PADUA
Se desconoce su antigua ubicación, aunque debió estar próxima a la laguna del mismo nombre, hacia el Sur-Este de la ciudad, sirviéndola entre 1590 y 1591, el Licenciado Diego Pérez de Montiel y el Diácono Pedro de Guevara. Esta doctrina para los naturales, estaba a cargo de los dominicos.

OTRAS MISIONES
* MISIÓN NUESTRA SEÑORA DEL PUERTO CLARO. Estaba a cargo de los mercedarios.
* MISIÓN SATA ANA DE TOLTÉN & MADRE DE DIOS. Estaba a cargo de clérigos
* MISIÓN CALLE CALLE. A cargo de los franciscanos.
* ERMITA NUESTRA SEÑORA DEL VALLE. De gran devoción entre los Marineros, lo que hace suponer que también estuvo próxima al río.

IGLESIA SAN SEBASTIAN DEL HOSPITAL REAL
Era de piedra, y se cae con el terremoto de 1575, y reconstruida después: su sitio había sido señalado por el propio Pedro de Valdivia, junto con su título, de San Sebastián, desconociéndose su ubicación, probablemente la misma del Hospital  San Bartolomé, erigido después de 1645, junto al río, en la costanera entre Arauco y San Carlos.

Antes de 1599, el Padre Rosales describe algunas manifestaciones de la cristiandad en Valdivia; los 6.000 indios de la ciudad “acudían los domingos y fiestas a oír misa a sus parroquias y a las confesiones y procesiones de Semana Santa y demás fiestas, como cristianos muy antiguos”; en los más rincones más remotos “sembró la semilla de la Santa Fe con el mismo cuidado la diligencia y santo celo de los religiosos de San Francisco y La Merced, cogiendo copioso fruto (…); acudían a oír el catecismo, niños y grandes, con grande voluntad y deseo de su salvación y en sus casas y por los campos iban cantando las oraciones y los cantares que los religiosos les enseñaban (…); recibieron bien la Fe –concluye- y tenían grande respeto y obediencia a los sacerdotes, casábanse y dejaban la multiplicidad de mujeres y vivían como verdaderos cristianos”

HISTORIA DE LA IGLESIA DE VALDIVIA
SIGLO XVII & XVIII
La vicaría foránea, restablecida como tal en 1645 -sufragánea del Obispado de Concepción-, según lo estipulado por el Cedulario Indiano; seguía a las iglesias abadengas, precediendo a las simples parroquias; instituido por el Arzobispo de Lima, el primero fue Pedro de la Concha, con “potestad de Vicario General y Capellán Mayor de la Armada y de la Población”, en virtud del regio patronato, ratificado en Noviembre de 1713, su provisión debía correr por parte de los gobernadores de la plaza, lo que suscitó competencias tanto con el Obispo como con el Capitán General.
Dividida la pastoral de los españoles de la de los indios, su jurisdicción se restringe sólo a los primeros, puesto que la de los segundos recae en la misión de la plaza, a cargo de los jesuitas, y desde 1769, de los franciscanos.
En virtud de una cédula de 1696 las capillanías de los castillos recaen en los jesuitas; en 1744, lo son en los franciscanos. Desde 1647 hay en la iglesia sermones continuos, congregaciones, jubileos, administración de los sacramentos, procesiones, “ejemplos, disciplina de noche y otros santos ejercicios con que mueven de continuo a la piedad y al ejercicio de la penitencia y de las virtudes a los soldados, con mucho fruto y consuelo de sus almas”. En 1762, se menciona la celebración de ejercicios espirituales con el vecindario, guarnición y desterrados, por parte de los jesuitas, y confesiones de la tropa y vecindario, asistencia a moribundos y otras distribuciones por parte de los franciscanos.

COFRADIA DULCE NOMBRE DE MARÍA
La cofradía era la gran escuela de espiritualidad seglar, la más importante es la del Dulce Nombre de María, titular de la plaza, establecida en la Iglesia de la Compañía desde 1647 y puesta bajo el patronato regio desde 1787; con el Gobernador de Prefecto y el Superior de los Jesuitas, como Comisario, según Olivares “desde el mayor al menor (…) todos quisieron alistarse”, siendo elegido mayordomo entre los vecinos más notables; a los militares se les descuenta algo del sueldo, generando un buen patrimonio, incrementado con donaciones y legados; agregada a la Annunziata, o “primaria”, de Roma, goza de los privilegios otorgados a aquella por Gregorio XIII en 1584. Esta cofradía fomenta la vida ajustada a la piedad cristiana, prácticas devotas, asistencias a enfermos, huérfanos y pobres, celebración de sufragios por los difuntos y destierro de la blasfemia y los vicios.

OTRAS COFRADIAS
La Archicofradía del Santísimo Sacramento, fundada en el Siglo XVII, es dueña de la isla del mismo nombre, al Sur de la Isla Teja. Las cofradías de: La Trinidad; del Santo Cristo; del Carmen; la Inmaculada; la Esclavonia de San José.

En 1655 se jura fiesta de guardar la del Arcángel San Miguel, por voto del Gobernador González Montero. Desde 1782, en San Francisco, la Presentación de Nuestra Señora, y a fines del periodo, San Antonio Abad, abogado contra incendios, por voto del Cabildo. También destacan las peregrinaciones, como la Candelaria de la Isla Mancera, desde 1645; procesiones y Novenas.
En los casos “extraordinarios”, se menciona el de 1682, donde el Gobernador Cifuentes testifica el prodigio ocurrido en la imagen de San Juan de Dios que “comenzó a sudar” con el crucifijo que tenía en las manos. Esto se repite en 1723 en las de San José, la Virgen y el Niño Dios. En 1759 se registra cierto portento con una estampa de la Virgen en el asalto del fuerte del Pilar; y en 1782, en San Francisco, el de apagarse solo un incendio de la iglesia en la víspera de las Fiesta de la Presentación.
Aun en 1808 la misa “conventual” –solemne- diaria, se celebra en la Iglesia Mayor a las 10; en la san Francisco, al venir el día, y en el verano a alas 5, con lo que “logran los presidiarios, obreros y demás trabajadores (…)”

LA IGLESIA MAYOR
Un sino fatal persigue a la Iglesia Mayor; consumida en el incendio general de 1655, en Enero de 1672, el Obispo Loyola y Vergara bendice su primera piedra “con todas las ceremonias del pontifical”; en abril se está cubriendo la Capilla Mayor, sirviendo sus funciones la Compañía de Jesús. La erigida en su reemplazo, concluida gracias a la munificencia del conde de Castellar, se incendia en Enero de 1682; seguida del incendio de Abril de 1737, y la que reemplaza, en el de Enero de 1748.
Diego Rosales, refiriéndose a la repoblación de Valdivia, dice que el Virrey envía para las iglesias “excelentes imágenes de pincel y talla, ricos vasos sobredorados y preciosos ornamentos de seda de todos colores conforme los tiempos y festivales”; entre la platería se cita cálices, patenas, custodias, relicarios, cruces, depósitos, lámparas, tabernáculos, atriles, incensarios, navetas, vinajeras, salvillas y crismeras, la mayor parte sobredorada, ricos ornamentos, pinturas y frontales. En 1744, el Gobernador Juan Navarro Santaella, dona “tres retablos muy curiosos para el altar mayor, el de Jesús Cautivo y Nuestra Señora del Carmen” con imágenes de talla, coronas de plata, lámparas, marionetas, varales de palio y custodia del mismo metal, fuera de 14 lienzos con los apóstoles, Jesucristo y la Virgen María y un crucifijo de cuerpo entero.
A la Iglesia mayor de 1785 pasa el tesoro de la congregación del Rosario, entre cuyas preseas se enumeran las andas, un sol con sus rayos, candelabros, corona, peana y centelleros labrados, en total 443 marcos -123.690 kg.- de plata, tres ternos de collares, caravanas, prendedores y sortijas con cientos de perlas, esmeraldas y diamantes, y el gran Rosario de oro con cuentas tamaño “de aceituna”.
En 1750 hace sus veces una capilla de postería de 25 varas de largo, ordenando el fiscal Salas la construcción de una digna “para que se hagan las fiestas de tabla en la forma antiguamente acostumbrada”; recién terminada, se incendia en la víspera de su Dedicación, como la que la reemplaza, de piedra, que perece el 14 de Julio de 1770.

Frente a estas reiteradas catástrofes, motiva la Orden Real de 3 de Mayo de 1773, que pide el costo de una definitiva, en cal y ladrillo; solicitando su estudio al Ingeniero John Garland; éste propone un cañón de 50 varas de largo por 12 de ancho, con paredes estribos y cubierta de teja; tan interesante templo, llamado Catedral en 1781, durará hasta 1835.
Externamente medía 59 varas de largo por 23 de ancho, más el par de torres adosadas, con dos puertas y  diez capillas por lado, diez arcos sobre pilares de base cuadrada con medias columnas dóricas separando las tres naves; la fachada, con gradería, tenía un pórtico de tres arcos, abovedado, sobre el que cargaba el coro alto; la nave central, de 12 varas de ancho, lucía cubiertas de falsa bóveda, rematándola un retablo con la Viren del Rosario, tras el cual se situaba la sacristía; comenzada en 1785, concluyendo en 1799 (durará hasta 1835).

LA COMPAÑÍA DE JESÚS
La Compañía de Jesús en Valdivia, no tuvo colegio, su privilegio fue tan sólo ser la más antigua Residencia de la Orden en Chile, con Misión; dependiente durante los dos primeros años del Provincial del Perú; en 1648 pasa a la del de Paraguay, sustituyéndose los fundadores por los padres Francisco van der Bergh o Vargas, Alonso del Pozo, y Hernando de Mendoza. De acuerdo a las Bulas de Pablo III, de 1545, de Julio III, de 1550, y Gregorio XIII, de 1584, podía tener haciendas para financiar sus gastos. La excelencia espiritual y académica de sus miembros, la calidad de su enseñanza, la promoción de los naturales y las vocaciones salidas de la ciudad lo confirman. Sus funciones en Valdivia tienen por marco su iglesia y se celebran con esplendor, iniciando a la tropa en el rezo del Rosario –según Miguel de Olivares, 1756, “esta devoción pasó de Valdivia a todo el reino de Chile (…) y es singular consuelo ver oír todos los días misa a los soldados en campaña, y al comenzar a marchar cada compañía oír cantar a coros las letanías, decir el itinerario y en llegando a alojarse, por cansados que vayan, no dejan la devoción del Rosario a coro”.

El primer superior, Francisco de Vargas (van der Bergh), flamenco, Dr. En filosofía y Teología en la Universidad de Lovaina, se refiere que acude “a lo temporal y espiritual”, trabajando en la construcción de los edificios de la residencia y misionando en Los Llanos y mariquina, donde levantó iglesia, al igual que en tierras del cacique Anticán.
De entre sus sucesores el P. Andrés de Lira, superior a partir de 1648 a 1670, lo sigue Pedro de Azúa, a quien sucede Antonio de Amparán; Esteban Sanz, 1673-1674; Bartolomé Camargo, 1677; Pedro Sardina, 1728-1733; Juan Ignacio Zapata, sucediéndole hasta su muerte, en 1733, José Imhoff; Ignacio Steidle, 1737, 1748; Joseph Aubert, 1748-1752; Antonio Faber, 1752-1755; Rafael Simó, 1760-1765; Ignacio Tamayo, 1765-1767 (año de expulsión).

En 1663 la iglesia destaca un crucifijo “a que acude todo el Presidio (…) con mucha veneración y aparato de luzes”; y entre las donaciones del gobernador Navarro, “un hermoso retablo para el altar mayor –y- un sepulcro dorado para la función del santo entierro”, las andas para la Virgen del Rosario y un sagrario, todo de plata, el último, embutido en carey. Al momento de la expulsión en 1767, se inventaría las siguientes imágenes: San Ignacio, San Francisco Javier, San José, San Juan Bautista, San Miguel, y Santa Teresa, todas de cuerpo entero, con sus coronas y soles de plata, un Cristo grande y otro de marfil, una custodia, cuatro cálices, dos cruces con sus peanas, dos arañas, ocho diademas, dos copones, lámpara del santísimo, blandones, candelabros, portapaces. todas fueron remitidas a Santiago. Además de pinturas: Visitación, y otras de San Juan Nepomuceno, Santa Ana, San Antonio, Nuestra Señora de la Soledad, de la Merced, San Judas Tadeo, Sagrado Corazón, y “un lienzo del infierno”, con sus marcos dorados, fuera de facistoles, atriles, frontales y alfombras; aun en 1771 permanecen en depósito once frontales y ornamentos de terciopelo, damasco, lama de oro.

Por certificación de Marzo de 1677, se sabe que el Gobernador Delso fabricó una panda del claustro de la Compañía de Jesús, y en la iglesia “un retablo dorado sobre bien labrado nicho para Nuestra Señora, en quien ha empleado ricos adornos a su devoción”; situada intramuros de la plaza (acera Oriente de esquina Independencia con San Carlos), tenía 37 varas de largo por 13 de ancho, quedando visibles después del incendio de 1748 sus vigas soldaduras; trasladada a las casas del Gobernador Tomás de Carminati –actual Convento San Francisco-, su fábrica es de tablas delgadas sobre unos maderos, de 21 por 8 varas, sin más mérito que su alhajamiento.

Entre sus miembros con fama de santidad, se menciona al P. Francisco del Castillo, fundador de la Residencia en Valdivia, 1645; en Mayo de 1677 se abrió en Lima la información de su vida, virtudes y milagros, enviándose siete años después la causa de beatificación a Roma.
La vida del P. Agustín de Villaza, activo en 1655, mereció ser incluida entre los Varones Ilustres en Santidad, Letras y Zelo de las Almas, del P. Alonso de Andrade; Pedro de Aguilar es siervo de dios, y Juan de Moscoso, activo desde 1653 misionando en Mariquina y Osorno, fallece santamente el 14 de Julio, celebrando los funerales el canónigo Alonso de Maldonado y llevando sus restos el Gobernador Ahumada, Sargento Mayor y Capitanes “que a porfía querían hazer ese obsequio”. Especial mención se hace del P. Nicolás Contucci, “ynsigne theologo y padre espiritual de todos los negocios quen aquel tiempo se ofrecieron”

VOCACIONES
Entre las vocaciones se identifican: Francisco Durán y Rabaneda, Juan Gutiérrez de Espejo, José García, Javier Goyenete y Lope, Pedro Ignacio Henríquez Santillán, Manuel de Lope y Lara, y Juan Manuel de Valentín y Eslava, Pedro Ignacio Carvallo Goyenete y José de la Guarda y Pinuer, y un Coadjuntor, Marcos de Cuevas y Palán. (estas vocaciones son atribuibles a la excelencia del P. Contucci).

Además de las casas misionales que dependen de la residencia como en la misión circular, los jesuitas cumplen con el encargo real de evangelizar a los indios. La Residencia posee las siguientes estancias: San José –contigua a la misión de igual nombre-, creada por reunión de varios predios de varios años; Mulpún, de 5.000 hás, que comprende desde los cerros de Máfil al Calle Calle, incluido Pupunahue, hasta enfrentar el río Quinchilca; y Tromén, de 20.000 hás, al Este de la anterior; la Chacra de la Estancilla –camino a Niebla. Contaba con capilla y poseía una imagen de Nuestra Señora del Milagro, o de Puerto Claro-, con su potrero llamado Curimahuida; y en Valdivia, una casa de alquiler en el “muelle chiquito”, el sitio llamado Santa Teresa, unas cuadras en el “mampuesto”, un sitio en el “muelle de abajo”, y la mayor parte de la isla de Valenzuela, patrimonio que en 1756 debe defender el P. Aubert, al declararse aquel predio como de uso común; aun en Calle Calle poseen una chacra y potrero donado por el cacique Cayucán. Estos bienes fueron en 1756 objeto de una chacra anónima, refutada por el P. Olivares en su apologético Obscura Calumnia.

La expulsión fue ejecutada el 8 de Septiembre de 1767 por el Gobernador Félix de Berroeta, con el Veedor Manuel Marzán y los capitanes Pedro Fernández de Lorca, Agustín de Cervantes y Vicente de Agüero –como asesores-, y el Escribano Blas Villarroel. El interrogatorio por el inventario de los bienes las realizó el Superior P. Tamayo (fallece en enfermo el 10 Noviembre de 1767, retirado en la casa de doña Aurelia Eslava). Los padres: Ignacio Fritz von Adlersfeld, en el mundo conde de Adlersfeld, natural de Silesia; el sabio lingüista, Andrés Febrés; el andaluz José de Murcia y Molina; y Fernando de Andrade y Vera, natural de Castro, fueron embarcados a Valparaíso el 6 de Diciembre en el navío Nuestra Señora del Rosario, a cargo del capitán Lucas de Molina, y desde allí a Lima en el Valdiviano, para ser remitidos a Italia en humillantes condiciones. Fritz quedaría en España, donde el Embajador de Austria, Príncipe de Lobkowitz, lo reclamará en 1776.

Las tasaciones fueron hechas por Ignacio Ramírez Carvallo, Tomás Silva y Francisco Catalán. Antonio Cocio Albarrán fue enviado a hacerse cargo de la Estancia de San José, hasta la llegada de los franciscanos, corriendo la liquidación de las temporalidades a cargo de los capitanes Juan de Santillán, Agustín de Caravantes, Pedro Henríquez y Lucas de Molina. Los predios fueron divididos en cinco: uno queda reservado para dotación de la doctrina y los restantes adquiridos por: basilio Alcarraz, Antonio Rey, Francisco Alcarraz y Manuel Jaramillo. Mulpún –con bodegas, casas y capilla, construidas en 1762- ocupado por Ignacio Pinuer; fue rematado al contado por el Capitán Jaime de la Guarda. Tomén –con su casa “malbaratada”-, fue remado por Ignacio Pinuer. La Estancilla –camino a Niebla, con una casa de 21 varas de largo por 8½ de ancho, corredores, y capilla dedicada a la Virgen del Milagro- fue rematada por doña Margarita de Castro. La casa del muelle lo fue por Marcelo de Arteaga.
Su expulsión provoca gran impacto en la educación, la cultura y el arte, además de lo económico, la agricultura; y el valioso patrimonio en librería y objetos de culto, según inventario de 1781: “alhaja y ornamentos” remitidos a la junta de temporalidades de la capital (Juan José de Santa Cruz y Pedro Henríquez, en Mayo de 1770, trasladan a Santiago, la platería).

CONVENTO SAN FRANCISCO DE LA SANTISIMA TRINIDAD
El Convento San Antonio de la Santísima Trinidad –ubicado intramuros en la isla de Mancera-, fue fundado en 1645. Su iglesia comienza su construcción en 1774; destaca su altar mayor d piedra de cuarto varas y media de largo, con un frontal de espejos y un retablo de tres cuerpos y tres calles con sus nichos rematados con conchas, y en ellos el sagrario y las imágenes de la Virgen del Rosario, San Pedro de Alcántara, San Antonio, San Francisco de Asís y Santo Domingo; con coro alto, el púlpito, de talla y escultura, está “pintado de figuras de doctores y flores”; entre la platería se enumera un arco, doce blandones y dos centelleros, fuera de cálices, y demás objetos del culto, destacándose una cruz de oro y una gran custodia de plata dorada rematada por una cruz de oro con 30 perlas, un viril con 10 diamantes y 4 perlas, un pie de oro y un juego de rayo con 33 diamantes y 28 perlas. En 1718 se intenta construir en la ciudad, se debe esperar 50 años para su regreso a Valdivia, desde la isla. Sus religiosos ejercían de capellanes en las demás fortalezas. Se extinguen en 1804. El P. diego de Rosales, señala que los fundadores de este convento causaron edificación con el rigor de su observancia y grandes virtudes, descalzos en medio de lo fragoso del lugar “fabricaron para su alojamiento más sepulturas que celdas –y- quanto llegaba a sus manos pasaba como fiel por arcabuz a la de los pobres”

VOCACIONES
Entre las vocaciones identificadas, se menciona  a los siguientes padres: Gregorio Farías, Francisco Javier y Tomás Goyenete y y Orihuela, Miguel y Domingo de Lope y Lara, Alejo de Loyola y Araujo, Joaquín y Miguel Pinuer Ubidia, Juan Ángel Pinuer Zurita, Juan de Obregón Campero y González Venegas, Ignacio de Arteaga y Cotera, Gregorio de Barros Falcón, Matías de Leiva Gallardo, Juan Matías de Valdovinos y Arbieto, Tomás Cruzat Calderón y Pascual Rivera y Sandoval.

CONVENTO SAN FRANCISCO PROPAGANDA FIDE
Con motivo de la expulsión de los jesuitas en 1767, los Franciscanos de Propaganda Fide –del Colegio de Misiones de Chillán-, se instalan, dos años después, en la casa de aquellos, siendo emprendida su nueva fábrica en 1777; interrumpida por el Gobernador Echenique so pretexto de la guerra con Inglaterra, los frailes reclaman porque no se reanuda concluida aquella conflagración, tocando finalmente a Pusterla poner la primera piedra, grabada con la siguiente inscripción:

GOVERNANDO LA UNIVERSAL YGLESIA, S.S. PIO VII, EL REYNO DE ESPAÑA EL SR. D. CARLOS III, Y EL COLEGIO DE MISIONEROS SERAFICOS DE CHILLAN EL R.P. FRANCISCO XAVIER RAMIREZ, PUSO LA PRIMERA PIEDRA DE ESTA YGLESIA EL CORONEL D. MARIANO PUSTERLA, GOVERNADOR DE ESTA PLAZA, EL 8 DE DICIEMBRE DEL AÑO DE 1786. AMDG. SIENDO PRESIDENTE DE LA MISION EL R.P. FRANCISCO PEREZ Y MISIONEROS DE ELLA LOS RR. PP. JOAQUIN MILLAN Y FR. MIGUEL LOPEZ. LAPIDEM EXTRUXIT P.F. LUCAS ALIAS LAMINAM VERO JOAN YCARTE.

La Residencia de Valdivia, con ocho religiosos, es elevada a hospicio, y su superior, a Presidente, más tarde, Prefecto, aumentando las misiones a 14 y regulándose a nueva planta sínodos y raciones.
A petición del P. Francisco Álvarez Villanueva, del Colegio de Santa Rosa de Ocopa, Pío VI, por el breve Dudum per Nostra litteras, del 24 Mayo 1784, concede licencia para erección de una nueva custodia de la orden para Valdivia y Chiloé, con el régimen jurídico de las llamadas autónomas septentrionales, debiendo residir el custodio en Valdivia.
En 1798, el P. Francisco Javier de Alday refiere al Marqués de Avilés que sus trabajos obligan a los misioneros “a dormir en el barro, andar descalzos de pie y pierna, a estar metidos en el agua hasta la cintura, otras veces sin desayunarse en todo el día, casi siempre mojados y siempre aplicando el hombro a todo trabajo”, no hallándose ningún fundador de misión que no esté cargado de achaques y casi inutilizado cuando la experiencia y la edad le hacían más para el ministerio.

VOCACIONES
Salvo excepciones, los religiosos son peninsulares, ejercen su apostolado entre los naturales, pero no reclutan vocaciones entre los vecinos españoles; en cambio las tienen entre los indígenas; aparte de otros que cursan estudios superiores en el Colegio de Nobles de Chillán, Juan Bautista Anicoyán, ordenado en 1794, Francisco Inalicán y Arcos, en 1818, Francisco Millapichún, en 1812, y Juan Calvugur, cacique de Trumao.

Se construye en terrenos donados por doña Aurelia Eslava, en calle de los Canelos, sus muros quedan de media altura desde 1718. Este templo remataba la calle del mismo –hoy Pérez Rosales-, medía 37 varas de largo por 13 de ancho, con paredes de vara y tercia de grueso; a las 27 debía tener un arco toral –que no se hizo- iniciando el presbiterio, tres gradas más arriba, con un ábside circular “de tablazón y molduraje, disminuyendo del ancho del cuerpo de la iglesia dos varas por cada lado” para dar lugar a dos altares laterales; la puerta principal, al Norte, era de 2 varas de ancho y 3 de alto, dando otra igual, llamada “claustral”, al Poniente.
Con ventanas al Oriente y coro alto, éste tenía 6 varas de vuelo y estaba inspirado en el de la iglesia del colegio de Chillán; los confesionarios, empotrados, iban en los muros de 7 varas de alto, que sumadas a los canes del artesonado daban a la nave 9 de altura total. La cubierta de par y nudillo descansaba en 25 tijeras de pellín, sobre soleras, formando “el artezón o azafate (…) tapando sus junturas con curiosas molduras de alerce a manera de tablero”, según las más acabadas composiciones de la arquitectura mudéjar; al costado Poniente estaba prevista la torre, corriendo a todo lo largo un corredor usado para la catequesis de los niños. Desde Noviembre de 1802 comienzan las sepultaciones, “por la primera raja del primer cajón que está junto a la puerta mayor, comenzando por el lado de la Epístola”. En 1808 se menciona  al retablo de San Pascual y a un fino relicario del “velo de la Virgen”, obsequio de Vicente de Agüero.
En su construcción participa todo el pueblo, “hasta las señoras mujeres de todos estados y clases venían a traer o mandar lajas de las que tenían en sus casas”, mostrando el plano hecho por Feliú en 1801 el conjunto del convento, algunas de cuyas partes databan del tiempo de los jesuitas; dos años después se construye un nuevo edificio con un claustro de 30 varas de largo por 20 de ancho.

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Fuente:
* Colegio Laura Vicuña de Valdivia. http://www.fmachile.org
* Colegio Nuestra Señora del Carmen Valdivia. http://www.cnscvaldivia.cl
* María Auxiliadora de Valdivia. http://mavaldivia.fmachile.org
* Instituto Salesiano de Valdivia. http://www.salesianosvaldivia.cl
* Iglesia Luterana de Valdivia. http://www.iglesialuteranavaldivia.cl
* Julio César Avendaño. Recopilación Personal. http://historiadevaldivia-chile.blogspot.com
* Fernando Pérez. Facultad de Arquitectura y Bellas Artes. 1994. http://www.uc.cl
* Nueva Historia de Valdivia. P. Gabriel Guarda, OSB. Ediciones Universidad Católica de Chile, 2001
* Diócesis de Valdivia. http://www.obispadodevaldivia.cl
* Lirio Austral. http://lirioaustral.blogspot.com
* Tu Arcoiris. Boletín Nº 4, 2006. http://www.iglesia.cl
* Hermanos Menores Capuchinos de Chile. http://www.capuchinos.cl
* Diario El Mercurio, 5/09/2005
* Diario  Austral de Valdivia, 23/09/2005